Las adicciones son producto de un complejo encuentro de factores, entre los cuales, los genéticos tienen un 50% de presencia en el genotipo. Suelen definirse por la naturaleza involuntaria del apetito involuntario y la motivación para continuar con el consumo descontrolado, urgente y compulsivo de actividades que nos hacen daño, a pesar de sufrir desastrosas consecuencias. Este comportamiento, además, modifica circuitos de neuronas y morfología del cerebro humano.
La adicción y el adicto suelen ser estigmatizados por la sociedad con términos despectivos y tratamientos inhumanos. Ella es una enfermedad del cerebro humano y el adicto es un enfermo mental. La diabetes es una enfermedad y el diabético es un enfermo del páncreas. El cáncer es una enfermedad y el paciente con cáncer es un enfermo de cáncer. La lepra es una enfermedad y el leproso es un. enfermo de lepra. No les cabe un insulto ni ningún maltrato, o, ¿usted cree que sí? Es necesario que aprendamos esto.
Cuando se habla de adicciones nos trasladamos inmediatamente al mundo de las adicciones a substancias químicas, drogas con o sin prescripciones, drogas livianas o duras, drogas legales o ilegales. Sin embargo, adicciones a lo que nos gratifica, premia o recompensa, constituyen un mundo más allá de las drogas y más diverso, incluso algunas socialmente aceptables. Ya veremos lo sorprendente de esto.
El cerebro humano, “con sus 3 libras de peso”, es el campo de batalla de la adicción y, el circuito de la gratificación, de la motivación y recompensa (“Rewarding System”), conocido como el circuito mesolímbico de la dopamina (hay que sonar ininteligible para parecer inteligente) es su trinchera. Este circuito, desde la perspectiva de la evolución humana, tiene millones de años diseñado en el paleo-cerebro para dos funciones vitales: (1) la sobrevivencia de la especie humana y, (2) la sobrevivencia del individuo, del ser humano. Para lo primero, el sexo y la sexualidad se constituyen fundamentales, para lo segundo, los alimentos, el agua y la interacción social. Todos son gratificantes y el cerebro lo sabe. La serpiente también.
El circuito de la recompensa, con antiquísimos caminos para la sobrevivencia del género y la persona humanas, también está involucrado en las adicciones mediante su secuestro por elementos adictivos. El secuestro del cerebro se hace a nivel de moléculas o interacciones químicas, de la memoria y por variados y efectivos mecanismos.
En el cerebro humano, las neuronas se interconectan con estructuras como raíces, que se conocen como axones y dendritas. En el circuito de la gratificación la dopamina es el mensajero químico, la “molécula del amor”, que permite que fluya información entre ciertos tipos de neuronas, neuronas dopaminérgicas, las que, entre ellas, en la sinapsis neuronal, se activan y liberan dopamina. La dopamina, neurotransmisor, aumenta la sensibilidad de los individuos a la recompensa y la posibilidad de atraerse a actividades que producen beneficios o placer. En otras palabras, la dopamina nos ayuda a aprender de estas experiencias satisfactorias y nos motiva a buscarlas una y otra vez.
La vida moderna secuestra el cerebro humano, lo hace con predecible probabilidad mediante los mecanismos como lo logran la marihuana, el alcohol y las drogas psicoactivas.
El uso frecuente de las redes sociales acelera el proceso de “poda neural” (“neural pruning”), una forma de recortar neuronas para permitir el paso a mejores neuronas, con lo que se mejora la rapidez y eficiencia de ciertas rutas del cerebro, particularmente la del sistema de recompensa. ¡Eureka! Ahora se es adicto a las redes sociales. Esta poda trae, además, impulsividad, dificultad para controlas las respuestas emocionales y le dificulta al individuo auto-regularse y tomar decisiones informadas.
Resumo esta ruta de adicción que anda el uso frecuente de las redes. El sistema de gratificación o recompensa del cerebro analiza el comportamiento de quien utiliza las redes y hace una forma de contenido personal, como hace Amazon cuando le compras mucho y aprende lo que te gusta y te promueve otras mercancías relacionadas con tus gustos.
Todo esto está ahora en el sistema ese que recompensa con nombre sofisticado, el sistema meso-límbico de la dopamina, y entonces se libera dopamina. La dopamina determina el valor de la recompensa del estímulo, igual que lo hace con los alimentos, bebidas, chocolate, azúcar, tabaco, con la marihuana, cocaína y otras substancias psicoactivas y psicoestimulantes.
Entre mayor número de “likes” y comentarios a tus entradas en las redes, más retroalimentación que repite el círculo descrito. Así, el uso de las redes se hace frecuente, incontrolable, compulsivo, y produce el cableado de la red de neuronas cerebrales que hace otro adicto. Antes de la pubertad, los niños no tienen por qué tener celulares ni pantallas y, mucho menos, sin supervisión y con tiempos ilimitados.
El autor es médico.

