En la gestión cultural, las nociones de administración y gestión van de la mano. La planeación, la organización, la dirección y el control son componentes de una buena gestión y también los atributos de una excelente administración. Ahora que se habla de la creación de un Ministerio de Cultura la pregunta que nos asalta es cuál debe ser el perfil del ministro o ministra.
La historia es testigo de que no siempre ha sido acertado que un artista dirija una institución cultural. Parece lo correcto, y hasta romántico, pero muchas veces el artista (aun con buenas intenciones) no reúne los requisitos para poder administrar al sector cultura. Se necesita algo más que amor al arte.
Creemos que el próximo rector/a de la cultura debe incluso ir pensando en cómo insertar conceptos de la cultura corporativa y de desarrollo organizacional para romper paradigmas. El desarrollo organizacional es clave en este tema. No se trata de ver al INAC como una empresa, pero sí contar con un modelo de cultura corporativa que permita diagnosticar y visibilizar el problema.
De nada servirá que el nuevo ministro/a tenga una linda hoja de vida si no tiene liderazgo. El liderazgo situacional, por ejemplo, sirve para percibir no solo las necesidades de los colaboradores (o servidores públicos), sino para identificar comportamientos necesarios para la buena operación, para desarrollar programas de formación del personal y para definir cambios culturales en la institución.
Un buen líder sabe escuchar, no solo a sus directores, sino también a todo su personal, y hay muchas formas de hacerlo sin que eso le quite tiempo en su agenda. Un buen líder sabe fijar el camino, no solo da órdenes, también escucha sugerencias, verifica y toma decisiones luego de ser consultadas.
En la organización cultural el éxito depende de la capacidad para asumir cambios de forma positiva y proactiva. El sector cultura está una vez más en una encrucijada. Le tocará a la nueva dirección decidir si está dispuesta a asumir nuevos retos, roles, compromisos y responsabilidades. Ser romántico ahora, no sirve demasiado.
El autor es escritor