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Afinidad estratégica y disenso táctico: la derecha frente al cambio político en Venezuela

Las declaraciones del expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez“nada se hace si después de haber sacado a Maduro dejan al régimen chavista”— (Radio Ñandutí, Paraguay, 8 de enero de 2026, 16:20) no constituyen una simple reacción retórica frente a la crisis venezolana. Expresan, en realidad, una formulación política que permite identificar una clave central del momento actual: la existencia de una afinidad estratégica entre actores de la derecha continental, acompañada de profundas diferencias tácticas sobre cómo debe gestionarse el cambio político en Venezuela.

En el plano estratégico, Uribe y Donald Trump coinciden en un punto esencial. Ambos conciben al chavismo como un régimen incompatible con el orden político hemisférico que defienden. No se trata únicamente de una discrepancia ideológica, sino de una lectura geopolítica que asocia al chavismo con autoritarismo, descomposición institucional, inestabilidad regional y la presencia de actores extrahemisféricos que disputan la hegemonía estadounidense en América Latina.

Desde esta perspectiva, la salida de Nicolás Maduro del poder aparece como un objetivo compartido. Sin embargo, la coincidencia estratégica se fragmenta cuando se pasa del objetivo al método. Uribe sostiene que la remoción del líder no es suficiente si el entramado político, institucional y social del chavismo permanece intacto. Para él, el chavismo es una estructura de poder que debe ser desmontada para que la transición sea real y no meramente cosmética.

Trump, en cambio, ha demostrado una aproximación más pragmática y transaccional. Su política exterior privilegia resultados inmediatos: control, estabilidad, alineamiento estratégico y protección de intereses económicos y de seguridad. En esa lógica, una transición parcial, negociada o administrada puede resultar funcional, incluso si deja intactos sectores del aparato chavista, siempre que garantice gobernabilidad y previsibilidad en el corto plazo.

Aquí no hay una contradicción de fondo, sino un disenso táctico. Uribe representa una derecha que exige una ruptura estructural, aun a costa de mayores tensiones. Trump encarna una derecha imperial que prioriza la eficacia, el control del proceso y la administración del cambio por encima de una reconstrucción institucional profunda. Ambos comparten el destino, pero discrepan sobre el camino.

En este tablero regional, la postura asumida por el gobierno panameño de José Raúl Mulino y su canciller introduce un matiz adicional. Panamá no adopta una posición doctrinaria ni maximalista. Su política exterior se inscribe en una lógica de Estado que privilegia la estabilidad regional, el respeto formal al derecho internacional y la defensa de la soberanía, sin abandonar una postura crítica frente al régimen chavista.

Mulino y su canciller han dejado claro que Panamá no respalda al gobierno de Maduro ni reconoce como legítimos a sus principales operadores políticos. Al mismo tiempo, han insistido en que cualquier transición debe ser ordenada, pacífica y jurídicamente sustentada, rechazando el uso del territorio panameño para acciones militares o escenarios de confrontación directa. Esta postura refleja una derecha gubernamental consciente de los límites que impone la posición geopolítica del país.

Para Panamá, además, la crisis venezolana no es un asunto distante. Impacta la migración, la seguridad regional, el comercio y la estabilidad del istmo como corredor estratégico global. De allí que su diplomacia apueste por soluciones que eviten desbordamientos regionales y preserven márgenes de autonomía frente a las grandes potencias.

La inclusión de Panamá en este esquema revela cómo la afinidad estratégica se adapta según la ubicación de cada actor en la estructura de poder internacional. Mientras Uribe habla desde una derecha ideológica y Trump desde el centro del poder imperial, Mulino actúa desde un Estado mediano que debe administrar presiones externas sin comprometer su soberanía.

La derecha frente al cambio político en Venezuela no es un bloque homogéneo, sino un campo atravesado por racionalidades distintas. La coincidencia estratégica convive con divergencias tácticas que definen ritmos, métodos y costos del proceso, así como la reconfiguración del poder en América Latina.

El autor es especialista en ciencias sociales y docente.


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