En abril de 1987, siendo ministro de agricultura, 30 años atrás, visité el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), con el propósito de revisar los acuerdos sobre el control de la fiebre aftosa por ser nuestro país barrera geográfica entre los países de Suramérica aftosos y los de Centroamérica, del Caribe y Norteamérica, libres de esta temible y contagiosa enfermedad del ganado.
En esa reunión al más alto nivel, aproveché para preguntar al subsecretario que la dirigió: ¿Qué nos recomendaría Estados Unidos a los países latinoamericanos, en especial Panamá, para desarrollar nuestra agricultura? La repuesta fue sencilla: todas las acciones que emprendan deben estar orientadas al aprovechamiento de la fortaleza geográfica de ser país tropical con 12 horas máximo de luz, igual que lo hacemos nosotros como país de clima templado, que tenemos días de 16 horas de luz solar en el verano, permitiendo a las plantas de granos básicos mayor eficiencia fisiológica por una mayor fotosíntesis. También el clima templado es mucho más adecuado para la producción de leche que la región tropical, debido al estrés calórico que afecta más al ganado de razas europeas de mayor potencial genético que las cebuinas para producir leche. Una semilla híbrida de maíz o arroz, que en clima templado produce entre 250- 300 quintales por hectárea plantada, en los trópicos solo produce la mitad. El promedio nacional de producción de leche en nuestro país es de 4 litros por vaca/día, mientras que en países de clima templado está entre 40 y 50 litros/vaca en hasta 3 ordeños/día. Esa desigualdad en la producción y productividad es desventaja competitiva muy significativa en un mercado mundial globalizado. También los exagerados subsidios que reciben los agricultores de estos países, ocasionando disminuciones cíclicas de los precios de estos agroalimentos en el mercado internacional, que además de afectar severamente a los productores de nuestros países, desestimulan la producción o hacen que los gobiernos limiten la producción en los países templados, y en pocos años se presentan alzas en los precios por disminución de la oferta internacional. Para limitar este y otros fenómenos de la exagerada globalización, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación) promueve a nivel mundial la seguridad alimentaria, a fin de garantizar la disponibilidad de alimentos básicos, sin depender totalmente de las importaciones.
Nuestra agricultura juega en la “liga” de la globalización desde la década de 1990, cuando nos adherimos a la OMC (Organización Mundial del Comercio), y a partir de 2010 cuando entraron en vigencia los TLC con Estados Unidos, la Unión Europea, Centroamérica y República Dominicana. Antes de jugar en esa “liga” de campeones, debimos preparar nuestro equipo y jugadores para que pudieran competir en condiciones diferentes a las que hoy están ocurriendo. Ese equipo- el Mida y sus instituciones del sector público- requiere de presupuesto para llevar tecnologías modernas de producción amigables con la conservación ambiental a los jugadores (que son los agricultores) y aprovechar nuestras ventajas comparativas y tener éxito en la producción para comercializar, aprovechando la globalización a base de gestión empresarial en cultivos para el consumo nacional con suficiente oferta en calidad y precios para beneficio del consumidor nacional, y poder exportar a países con los que tenemos TLC, especialmente frutas tropicales, cacao, café tradicional y gourmet, agroalimentos en que tenemos reconocidas fortalezas. Así se aprovecha nuestro moderno centro portuario, el de mayor competitividad de la región.
El tema de la leche y subproductos lácteos, en general importados en exceso, este año es el mejor ejemplo, pues tiene un déficit de producción de 100 millones de litros anuales, ya que las importaciones lo llenaron y saturaron el mercado. Por existir un precio deprimido internacionalmente, esto no será permanente. La desgravación de aranceles es una realidad, y que a mediano plazo la tendremos en todos los productos. Es urgente y necesario que tanto gobiernos como gobernados miremos con más atención a esta problemática, que afecta la soberanía alimentaria del país.
El autor es exministro del Mida, exlegislador de la República y consultor agropecuario.
