RETO

Entre el águila y el dragón

Panamá se encuentra hoy entre dos gigantes que se embarcan en una disputa que amenaza el comercio mundial. Para Panamá, el enfrentamiento no solo representa un reto en lo comercial: nuestra estratégica posición geográfica está en el medio de la disputa entre ambas potencias.

Estados Unidos, el aliado histórico de Panamá y Latinoamérica, ha dejado un vacío pues lleva años que ha reenfocado su política exterior hacia otras regiones del mundo. China, por el otro lado, ha puesto sus ojos en América Latina, una región que para ellos es política y económicamente interesante, tanto por sus recursos naturales como por la oportunidad que sus mercados le ofrecen.

La vocación de Panamá, tanto por su economía de servicio como por el afianzamiento como centro logístico y la prudente administración del Canal, no ha pasado desapercibida en esta disputa.

Panamá, por su parte, supo hacer lo correcto. Hace dos años se establecieron relaciones diplomáticas con la República Popular de China, un país que no solo representa el 25% de la población mundial sino que es la segunda potencia económica del mundo. Fue una decisión responsable, valiente y acorde con el deber de velar por los mejores intereses del país. Fue una decisión que debimos tomar décadas antes, como lo hicieron la mayoría de los grandes países de la región.

Nos corresponde sacar el mayor provecho posible a esta nueva relación. Se han firmado más de 40 acuerdos, que van desde becas y promoción de la educación superior, turismo y seguridad hasta el inicio de la negociación de un tratado de libre comercio. Panamá ya está exportando frutas, carnes y mariscos a China.

¿Es realmente China una amenaza para Panamá? La respuesta es no. Es un reto, pero no una amenaza. China es el primer importador de productos para la Zona Libre de Colón y es, además, el segundo mayor usuario del Canal de Panamá. Con las nuevas relaciones diplomáticas se ha podido ver un interés real de sus empresas por establecerse en Panamá, como lo han hecho ya las más de 10 compañías chinas que han puesto sus sedes regionales en el istmo, aprovechando una ubicación estratégica envidiable, su conectividad aérea, marítima y terrestre, su seguridad, estabilidad y régimen legal.

Panamá tiene que aprovechar todas estas ventajas y posicionarse ante China como el mayor proveedor de servicios de la región, como antes lo hizo con las multinacionales americanas y europeas.

El interés de China hacia Latinoamérica es evidente y ha venido creciendo en los últimos años. Según los chinos, su desarrollo no puede ser posible sin el desarrollo de otros países. Sus esfuerzos por lograr ser una sociedad desarrollada para el 2035, han hecho que ponga más atención en la región. Pero esto no es un interés de una sola vía. Los países de Latinoamérica tienen también un interés en acercarse a China y deben hacerlo velando por sus intereses e insistiendo en una relación que sea provechosa y transparente, evitando las consecuencias que han sufrido algunos países de África por casos en los que no se pudo hacer frente a compromisos adquiridos.

En los últimos años, la política exterior americana ha volcado sus esfuerzos a otras regiones. No es un secreto que China ha sabido sacarle provecho a este desinterés. Estados Unidos debe mirar nuevamente a sus aliados históricos y promover el acercamiento con los países de Latinoamérica. Se requiere promover la inversión americana en nuestros países, continuar de manera cercana la cooperación en materia de seguridad, fortalecer los lazos políticos. Tenemos demasiados intereses en común y una cercanía geográfica e histórica que no se debe olvidar.

La semilla está sembrada; debemos regarla y cosechar los frutos. Una relación seria y respetuosa en nada debería afectar las otras. La idea siempre fue y seguirá siendo que Panamá sea la puerta de entrada a Latinoamérica para el gigante asiático, de la misma forma que hemos hecho con tantos otros países, sin dejar a un lado a nuestros aliados históricos. De no hacerlo, estaríamos desperdiciando una oportunidad que por mucho tiempo nos eludió.

El autor es exvicecanciller

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