
Los políticos que recibieron bola negra el 5 de mayo se resisten a dejar el poder. Como siempre han vivido de nuestros impuestos y no es que destaquen por sus hojas de vida precisamente, ahora buscan conseguir en los tribunales lo que no pudieron lograr en las urnas. ¿Y cómo? A través de una de las mañas putrefactas de la vieja política: abusando de las impugnaciones.
Ahí está la del 8-2, por ejemplo. José Ruiloba, el sobrino de Pineda, impugnó a los diputados de Vamos. No a uno, sino a los cuatro. ¿Por qué solo a esos y no a los siete? Pues porque impugnaría a su tío y a Camacho, el candidato de Martinelli para presidir la Asamblea. Por lo menos Alejandro Pérez en el 8-4 disimuló al impugnarlos a todos y no en todas las mesas, pero si los tribunales no fallan a tiempo, solo en esos dos circuitos habría seis menos de Vamos y dos menos de Moca. Son ocho votos menos para el bloque anti Martinelli.
Estos no son casos aislados. Hay un intento directo por incidir en la toma de posesión del 1 de julio. ¿Qué está en juego? No solo la presidencia de la Asamblea, que tendría acceso a un presupuesto que supera los $200 millones, sino también la designación del secretario general (que Yanibel está al acecho, por cierto) y la conformación y presidencia de las comisiones, entre las que están las dos más codiciadas: la de Presupuesto, para la que suena cada vez más fuerte Chello Gálvez, y la de Credenciales, para la que quién sabe a qué esperpento postularían.
Por otro lado, hay dos impugnaciones que no tienen que ver con el conteo de votos sino con el uso de fondos en campaña: la de Benicio en Bocas del Toro y la de Alaín Cedeño de RM en el 8-6. En ambos casos alegan clientelismo y que se gastaron más de lo que reportaron y de lo que les permite la ley. Y en estos casos no hay solo que verificar las actas como en los otros, sino hacer auditorías que demorarían más. Otra vez, el Tribunal Electoral tiene el sartén por el mango.
Lo cierto es que el 1 de julio la Asamblea no se instalará con los 71 diputados y eso hará diferencia en la votación de la directiva.
Por eso la conformación de las bancadas es clave. Y veamos. CD sacó 8 diputados. De esos, 5 son nuevos y parece que no se quieren embarrar… o al menos no tan rápido. Y los otros tres (Tito Afú, Julio de la Guardia y Manuel Cohen) ya parecen estar en el lado oscuro.
En el panameñismo los ocho que salieron parecen estar consolidados. Con los 5 nuevos de CD, serían 13.
Del PRD son 13 diputados: 9 son de los peorcitos (de hecho ya Nelson Jackson saltó oficialmente para RM), pero los cuatro nuevos tampoco es que han tomado distancia de ellos. O sea que esos serían 12.
El PP tiene dos diputados: una parece estar con Vamos y el otro, un ex panameñista, no termina de definirse. El único Molirena, que ha sido investigado por lavado, ya se unió a RM, igual que los dos de Alianza, entre ellos un violador condenado.
Entonces hay cuatro fuerzas, básicamente. Vamos, con 20 más 3 de Moca y quizá un PP. El PRD con 12. RM con sus 14 más Nelson Jackson y el del Molirena. Y el panameñismo, con los 5 de CD que sumarían 13.
Mulino, por su parte, parece estar concentrado en terminar de conformar el gabinete antes del 3 de junio para arrancar con la transición. Con los diputados que se ha reunido ha dejado claro que los compromisos que asume Martinelli son de Martinelli, no de él. Y ha dicho que se meterá en el tema Asamblea después del 14 de junio.
Claramente Martinelli está tratando de controlar la Asamblea, ya que no está pudiendo con el Ejecutivo. E irónicamente, los mejores aliados de Mulino podrían acabar siendo los de Vamos. Ojalá Mulino tenga bien claro que en sus manos está plantear una agenda legislativa alineada con los intereses del país, o gobernar, como todos los anteriores, a punta de extorsión, chantaje, presiones, contratos y planillas.
Lo que es claro es que Mulino es el que va a terminar de inclinar esta balanza. Porque si hay algo que los diputados no quieren es pelearse con el poder. Y el poder el 1 de julio ya no lo va a tener Martinelli.
