
Ojo con otro gol. El contrato minero y las consecuencias del pésimo manejo del gobierno acaparan las redes y medios. Pero hay un tema al que no le estamos prestando la atención que merece si no queremos otro gol. Y es el presupuesto.
El lunes pasado, el gobierno anunció que está analizándolo para reducirlo. Y qué bueno, porque entre o no la plata de la minera, eso es lo responsable.
El presupuesto sube un promedio de $1,000 millones por año, $2,000 millones como mucho. Para 2024, el aumento planteado es de $5,000 millones. Eso es 20%, el incremento más alto hasta ahora. Aquí hablan de millones como si fueran cuaras y la cifra no parece tan alta, pero eso alcanzaría para construir 11 hospitales oncológicos.
Lo grave es que ese presupuesto se financia con deuda, no con ingresos. Son $32 mil 754 millones a punta de seguir endeudándonos, porque en ingresos corrientes estamos $327 millones menos de lo presupuestado hasta octubre. Un aumento de $5,000 millones solo responde a la politiquería de la que dependen para reelegirse. Si, según la Cepal, nuestro PIB iba a crecer 4.1% (sin contar las pérdidas del último mes), ¿cómo el presupuesto va a aumentar 20%? Dirán que es por el 7% que le destinarán a la educación por el compromiso adquirido en la mesa de diálogo en 2022. ¿Y quién dijo que había que aumentar eso y también el resto? Lo sensato era subir eso, sí, pero bajar los gastos y el presupuesto de entidades obscenamente politiqueras y opacas. Pero eso no es lo que pasó, porque amén de que ahora se ven forzados a ajustar, la sensatez no es el fuerte de esta gente.
En el presupuesto presentado, por ejemplo, los servicios profesionales aumentan $311 millones. El presupuesto de la Asamblea crece 37% y no en inversión, sino en planilla. Al MEF le inyectan $200 millones más. Y al Ifarhu le dan más de $100 millones adicionales, sobre todo para préstamos, auxilios económicos y becas. La AIG y el Ministerio de Cultura doblan su presupuesto. Unachi sube de $99 millones a $120 millones. Y tenemos cada vez más informalidad y desempleo, pero a Mitradel le suben 60%. Ahí están, ministro Alexander, los primeros recortes que debe hacer si no quieren que el país siga enardecido y con razón.
Si no hacen un recorte realmente sustancial, le dejarán una enorme papa caliente al próximo gobierno, porque sí, la ley les permite gastar solo hasta la mitad de lo aprobado, pero si lo inflan más de lo que la economía aguanta, igual van a gastar más de lo que gastarían con un presupuesto real. Y eso dejará al próximo gobierno con un presupuesto irreal e inviable. Si bien es cierto que los funcionarios actuales no harán el cierre fiscal de 2024 porque ya estarán en sus casas (ojalá algunos en la cárcel, pero al menos en sus casas), no pueden ser tan irresponsables en pensar que sea otro el que se revuelque.
Ministro Alexander: párese firme, haga que le vuelvan a meter al presupuesto los más de 60 artículos de la parte normativa (la que dice cómo puede gastarse la plata), que regulaba (mal, pero regulaba) dietas, viáticos, celular, escolta, consultorías y otros gastos millonarios. Porque se los volaron. Si no los incluyen de nuevo, no solo tendrían más plata, sino que podrían gastarla sin controles, con un decreto que podrían cambiar a diario si quisieran. Por ejemplo, ya no necesitarían una partida certificada para poder contratar personal. Si un ministro quisiera subirle dietas a un amigo, ponerle escolta a su asistente o pagar viáticos al personal, podría hacerlo. Y podría que ni acabe auditado, porque ahora el contralor puede manejar las auditorías a discreción y sin consecuencia.
Esto decía Cortizo del presupuesto de 2019: “Han triplicado la deuda en los últimos 10 años. Tenemos un presupuesto de $24,000 millones y la gran tragedia nacional es que no se han resuelto los grandes problemas que afectan a la población y amenazan nuestro futuro: agua, salud, educación, seguridad, pobreza e inequidad”. Cinco años después, con $8,000 millones más, tenemos más deuda y los mismos problemas.
¿Y por qué hay que estar pilas? Porque el 5 de octubre los diputados aprobaron devolver el presupuesto al Ejecutivo, y no para pedir bajarlo, sino con reformulaciones para, al final, subirlo más. Ahora el documento lo tiene el Gabinete, que con este merecumbé minero no lo devolvió a la Asamblea. Y la Constitución, artículo 272, les permite que el 1 de enero lo pongan a regir sin discutirlo ni pasar por la Asamblea. Mejor dicho, aprovechándose de ese artículo, que lo que dice es que si el presupuesto se rechazó, entra a regir el del año anterior hasta que se apruebe uno nuevo. Y que si se presentó y la Asamblea no lo discutió, cedió su responsabilidad. Pero la Asamblea no lo rechazó ni dejó de discutirlo: sugirió reajustarlo y el gobierno lo capturó. Vivazos todos. Por eso, aunque han prometido sacar las patas, hay que estar pilas.
Presidente, haga las cosas bien. Ajuste el presupuesto a nuestra nueva realidad, con sensatez, responsabilidad y seriedad, y sométalo a votación de los diputados, como debe ser. Que ellos lo aprueben o rechacen, pero que se responsabilicen de su voto. A ver si con el contrato minero entendieron que tienen que votar a consciencia, ponerse los pantalones largos y dejar de ser subordinados y oportunistas. Esta vez pudieron pedir perdón. La próxima, quizá sea tarde.
