
La Convención de Viena es inviolable, y lo que hizo Ecuador en México viola el Estado de Derecho internacional; eso no está en debate.
Recordemos qué pasó. La Policía de Ecuador irrumpió en la sede de la embajada de México en Quito y detuvo a Jorge Glas, vicepresidente de Ecuador con Rafael Correa. Lo hizo el viernes, el mismo día en que el gobierno mexicano le concedió el asilo, cuando en su país buscan detenerlo por un caso de supuesta y bien burda malversación de fondos.
Pero resulta que la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, de 1961, establece en su artículo 22, que “los locales de las misiones son inviolables” y que “los agentes del Estado receptor no podrán penetrar en ellas, excepto con el consentimiento del jefe de la misión”.
Eso no pasó, así que se violó la Convención de Viena y por eso Ecuador se ganó el repudio internacional. La pregunta es por qué las reglas son tan claras en cuanto a las invasiones de un país en otro, pero tan laxas y hasta incongruentes en cuanto a cuándo, cómo y a quién esos países pueden otorgar asilos. Porque eso no se puede analizar por separado.
En el caso del ecuatoriano Daniel Noboa, él midió los riesgos de violar una convención y, ante un profundo problema de corrupción y crimen organizado en su país, para él pesó más el mensaje que quería mandar internamente, de que no pueden llegar al poder, enriquecerse y luego esconderse impunemente.
Eso no justifica lo que hizo Ecuador, pero México, bajo el gobierno de AMLO, ha asilado a siete políticos ecuatorianos investigados por corrupción. Eso tampoco puede ser.
Ya nos pasó a nosotros, y precisamente con México, que asiló a Rafael Arosemena por su caso de peculado contra el Banco Nacional. Aquí llegó en el 2006, después de 16 años de asilo y siete condenas en firme, en jet privado y sin esposas como si fuera un artista de cine... y claro, alegando persecución política. Y luego diciendo que no podía estar en la cárcel porque estaba enfermo y mayor, y así. El mismo cuento de todos.
Eso es lo que han hecho con la figura del asilo, que por cierto solo existe en América Latina. Tergiversarla, desnaturalizarla y abusarla. El asilo (lo dicen las convenciones de Montevideo y la de Caracas) está hecho para proteger a perseguidos políticos, no para que delincuentes que en su calidad de políticos están siendo perseguidos por delitos comunes, como Glas, lo usen para evadir la justicia.
Es igual que Martinelli. Ya fue condenado no en una instancia, no en dos… en tres. Y claro, hay un montón de gente pidiendo que Panamá haga lo que hizo Ecuador. Y eso no se puede. O sí, pero con consecuencias, como las ha tenido para Ecuador.
O evaluemos qué mecanismos tiene Panamá para tomar acción por la vía diplomática. Como interponer una denuncia internacional contra Nicaragua en el sistema interamericano, ya que se salió de la OEA. ¿Cuánto demoraría eso? Más de cinco años, seguro. O hacer una consulta a la Corte Internacional de Justicia en La Haya. Que no es vinculante y también demoraría años. O proponer la creación de un organismo que determine si quien pide el asilo es realmente un perseguido o no. ¿Cuánto tomaría eso?
Los mecanismos democráticos suelen ser lentos, sí, pero si hubiera consecuencias claras para el político, para el país y para el que toma la decisión de asilarlo, seguramente se abusaría menos de la figura. Pero hoy no las hay y por eso abusan de ella.
O también se le podría reclamar firmemente a Nicaragua por permitir que Martinelli viole la figura del asilo influenciando el proceso electoral todos los santos días. O expulsar a la embajadora, o romper relaciones (aunque eso le permitiría al país, según la Convención de Caracas, llevarse al asilado), o no reconocer la residencia de la embajada por falta de comunicación previa… Opciones hay. Panamá ha sido tibio, porque ser duro tiene consecuencias. Pero esas son las valoraciones que un gobierno que se respeta hace.
Y, claro, habría también que ver cómo Panamá otorga y controla los asilos que otorga. Aquí tuvimos, por ejemplo, al guatemalteco Jorge Serrano Elías y a Abdalá Bucaram, que violaba las normas del asilo un día sí y otro también hablando de temas políticos en Ecuador. ¿Por qué asilan los países? ¿Es una decisión política, ideológica o finalmente mercantilista? ¿Es asilarlos hasta que pase el peligro o darles posada eterna? El asunto se maneja de forma absolutamente discrecional e irresponsable.
Habría que iniciar un debate, que empiece reconociendo que la figura se está abusando y debilitando a pasos agigantados la confianza ciudadana en las instituciones de la región. Ojalá los candidatos se comprometan a empujarlo, a pararse duro con Nicaragua y a negarle el salvoconducto al corrupto. Mulino ya dijo que lo ayudaría. ¿Y el resto, qué haría?
