
El año escolar comenzó el pasado lunes con los mismos problemas de todos los años: escuelas que no están listas y profesores que no están nombrados.
Me puse a buscar noticias del inicio del año escolar de cada año desde 2014. Y cambiándoles la fecha, las noticias dicen lo mismo. Todos los años el Meduca reporta que faltaron pocas escuelas por terminar y los docentes aseguran que son más. Este año, por ejemplo, Meduca dice que son 61; los otros dicen que son 400.
Por otro lado, hay 3 mil 352 docentes no nombrados, por lo que el Meduca tomó la misma decisión del año pasado. Empezar clases de manera escalonada. Unos el lunes y el resto, en teoría, el próximo lunes. Entonces para acabar, mil 800 docentes se fueron a paro.
Pero hay un problema. Bueno, muchos. Pero uno es que el año escolar termina el 19 de diciembre para todos, o sea que los que entren el lunes van a perder una semana de clases. Y eso, aunque parezca, no es poco. Según la Unesco, por su impacto, cada día que no hay clases equivale a tres días perdidos. Eso sin considerar el daño a la salud mental de los alumnos y los delitos a los que muchos están expuestos cuando no están en la escuela.
Y ojo, que van a perder una semana de clases si es que no hay más paros docentes que nada tienen que ver con educación, porque después de ser el país que más tiempo cerró sus escuelas por la pandemia, en el 2022 los profesores decidieron no dar clases por un mes dizque por el alza del combustible, y en el 2023 volvieron a paralizar la educación por 27 días por el contrato minero. Eso, obvio, no pasó en las escuelas privadas. Y no porque los temas no lo ameritaran, sino por el compromiso de los docentes y la voluntad y firmeza de las escuelas. Justo lo que diferencia a la privada de la oficial.
El problema de las escuelas que no están listas es injustificable. El inicio de clases se anunció hace dos meses. Hay desde 2018 un viceministerio de Infraestructura, y nada. La pregunta es por qué. ¿Desidia, desorganización, presupuesto? O quizá algo de todas. El presupuesto entra a regir en marzo. A pesar de que una de las propuestas de Copeme fue cambiar el año fiscal para que fuera acorde con la actividad educativa, como se hizo en el Canal, eso no pasó. Ni eso ni la idea de que los municipios hicieran los arreglos menores de las escuelas. Para eso se debería usar la plata de la descentralización. Pero no. La usan como cashback de los políticos.
Y sí, que el presupuesto entre en marzo dificulta los trabajos de última hora. Pero el presupuesto del Meduca es de $3,539 millones. Si el mantenimiento fuera constante, las reparaciones de fin de año serían mínimas. Pero no les da; la desidia los aplasta. Ahora sumemos la falta de sistemas de información. Se hacen escuelas enormes donde faltan alumnos y faltan escuelas donde más alumnos hay. Conseguir la cantidad de alumnos, bancas o incluso docentes es bien difícil. Y esa información sería clave para cualquier buen administrador. Cosa que claramente no hay en el Estado. Y si a eso le sumo la burocracia, la politiquería y las limitaciones que impone la ley educativa de 1947, pues tenemos la tormenta perfecta.
El tema es que saben el problema y no lo resuelven. Aplica igual con los nombramientos. En vez de tener una lista de docentes por competencias, hacen concursos para cada puesto. Y hay oficinas regionales, pero ni las escuelas ni las juntas de personal de esas oficinas pueden nombrar según las necesidades, porque todo termina en Panamá, contaminado por la politiquería. Hay que descentralizar esto, pero eso lo vemos claro todos menos quienes deben actuar.
Lo triste es que el pato lo pagan los alumnos, que no salen preparados para afrontar los retos que les presentará la vida al graduarse. Si es que se gradúan, porque en el 2023, 9 mil 145 niños abandonaron la escuela, 20 mil repitieron el año, 26 mil reprobaron una materia y 36 mil rehabilitaron. Y ni ahondemos por áreas, porque en la comarca de 100 mil niños 89 mil entraron al sistema, pero no se graduaron. Las pruebas Erce, Crecer y Pisa reiteran las causas y nos dan las soluciones masticaditas. Pero nada.
Cada niño que sale del sistema es un fracaso para el Meduca y para la sociedad. Porque salen por barreras económicas, desintegración familiar, padres que no entienden la importancia de la educación, distancia entre la casa y la escuela o falta de transporte… y todo eso es solucionable.
Es imperdonable que, por no tener plata para pagar la educación privada, los de la pública estén destinados al fracaso. De nuevo: ¿qué le vamos a contestar a la próxima generación cuando nos pregunte por qué, sabiendo lo que había que hacer, no lo hicimos?
