
La mesa está servida. Con los platos que Panamá ordenó. A nivel presidencial las preocupaciones son muchas y válidas. Habrá que ver como cuál de los Mulinos del discurso será más (si como el sensato o el autócrata) y si será fiel a Martinelli como lo dejó ver en su discurso del domingo o si, como dijo el lunes, no tiene compromisos con él. Hablando del discurso, le faltó agradecerle al TE y a la Corte por dejarlo correr, igual que a Nito por su venia pública y a los trillizos por su división.
Por otro lado, el Parlacen, la cueva de maleantes, renueva a sus poco honorables huéspedes. Como cuando votamos por presidente, votamos también por los que ellos postularon al Parlacen y entre más votos obtienen más diputados sacan, el que más diputados tendrá es RM. Empezando por los hijos de Martinelli, Giselle Burillo, Alma Cortés, David Ochy y Jaime Ford, entre otros personajillos de la cosa nostra. También irán Juan Carlos Varela, Cirilo Salas, Benicio Robinson y probablemente Rubén de León.
Pero fuera de eso, hay buenas noticias. Como Gordón no llegó al 2% de los votos, nos salvamos de la izquierda y de Saúl Méndez en el Parlacen. La participación electoral fue de 77.6%, la más alta en democracia, el Tribunal Electoral dio la talla, se vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de la segunda vuelta y de reformar las leyes electorales, y a nivel de alcalde y representante salimos de lastres como Alex Lee, José Luis Fábrega, Héctor Valdés Carrasquilla, Carlos Pérez Herrera, Javier Sucre, Iván Vásquez y José Muñoz.
Ni hablar del golpe de los partidos. Salvo el PP, que aferrándose a lo que pueda se salvó por Martín Torrijos. En 2019 el 70% del voto presidencial se lo llevaron los partidos grandes. Ahora, solo el 18%. El PRD sufrió la peor derrota de su historia. Que Carrizo, con todo el poder del PRD y del gobierno, haya sacado casi 17 mil votos menos que Zulay, demuestra lo mal que está ese partido. Zulay sola sacó más que el panameñismo, Molirena, CD, Alianza y el PRD. Grave. Igual que el panameñismo y CD. De los 256 mil votos de Rómulo, 137 mil fueron CD y 119 mil panameñistas. Blandón, con una bandera, sacó 212 mil votos en 2019. Y ya eso era triste. Molirena a nivel nacional sacó 7 mil votos: no los apoyó ni el 10% de su gente. Y MOCAtampoco es que arrasó. A nivel presidencial, sí, ¿pero 556 mil votos para tan pocos diputados? El partido es nuevo, pero Lombana no. El mensaje ciudadano es claro: este es el fin de la era partidista como la conocemos. El fenómeno Bukele se repitió, por ejemplo, en la alcaldía de Panamá. Ganó un influencer ahí, no un político. ¿Será esa la nueva política?
Por otro lado, llega un eje del bien a la Asamblea. Sí, se reeligieron Chello, Crispiano, Bolota, Pineda y Benicio, y volvieron Popi, Manuel Cohen y Tito Afú… pero solo 13 de los 60 que querían reelegirse vuelven. Salimos de Marilyn Vallarino, Elías Vigil, Kayra Harding, Pancho Alemán, Leandro Ávila, Tito Rodríguez, Corina Cano y Héctor Brands, y no llegaron otros como el sobrino de Pineda, el primo de Yanibel y Nando Meneses. Son finales felices.
Tenemos caras nuevas. Eso es esperanzador. Tanto como el hecho de que el PRD, Molirena, RM y Alianza no sumen mayoría. Pero solo tienen que sumar a los 8 CD para ser 36. Quizá por eso Mulino le tiró el puente a Rómulo. ¿O ustedes ven a Afú haciendo oposición?
Los nuevos también pueden voltearse. Lo vimos ya. ¿Y hacia dónde? Hacia donde más les ofrezcan. ¿Y quién tiene más para ofrecer? El gobierno. No todo lo nuevo es bueno. De hecho, no conocemos a los que llegaron. De la enorme mayoría solo sabemos que eran Vamos. Ni los nombres sabemos. Y tampoco podemos esperar que Juan Diego los controle, cuando aquí ni los partidos con revocatoria controlan a sus diputados. Esos no son perritos a los que él les va a decir sit y se van a sentar. La curul es de ellos. De ellos y sus buenas intenciones. De ellos y su inexperiencia.
En el camino hay presiones, hay maletines, hay un Camacho y una Shirley Castañeda que son fichas clave de Martinelli (que compra consciencias a dos manos)… y vienen decisiones claves, como la designación del contralor. El reto es enorme y la expectativa también. Hay que confiar en los que elegimos, pero ojo con la alegría desbordada. No basta con haber votado. Hay que fiscalizar, ser ciudadanos y convertir, todos, este revolcón en el inicio de una buena era.
