
El TE está jugando un papel penoso. Los magistrados están jugando con la credibilidad de la entidad que nos debe garantizar quiénes serán los próximos gobernantes, y parecen no entender el alcance de su responsabilidad.
Recordemos, antes de seguir, cómo llegaron estos tres magistrados al cargo. Eduardo Valdés tiene ahí 34 años, desde la invasión, y le ha guiñado el ojo a más de un gobierno. Recordemos el “Sí se puede” a Martín Torrijos y su posterior ratificación por Varela.
Alfredo Juncá, que viene del panameñismo, fue nombrado por la Asamblea después de negociaciones incontables producto del impresentable pacto de gobernabilidad en el gobierno Varela. Y Luis Guerra, del PRD y hermano de Silvio Guerra, defensor acérrimo de Martinelli, fue el resultado de la extorsión de Benicio Robinson a la Corte a cambio de nombrar a Ariadne García y no a Armando Fuentes en la Sala Penal.
En este país hemos tenido magistrados malos, malísimos, pero nunca habían puesto la credibilidad de la institución en juego. Habían tenido escándalos, pero propios. Esa entidad había sido ejemplar, destacada incluso a nivel internacional, y un baluarte de confianza para todos los sectores del país. Los panameños nos íbamos a dormir el día de la elección con la tranquilidad de que el TE había garantizado unas elecciones limpias. Hoy no podemos decir lo mismo.
La decisión de la Corte de no admitirle la casación a Martinelli es un hecho público y notorio para todos menos para los fanáticos de Martinelli y para los magistrados del TE. Al ser condenado a más de cinco años de prisión por delito doloso, él no cumple con los requisitos para correr ni para presidente ni para diputado. Eso lo entiende hasta un niño de ocho años. Pero no lo entienden estos tres personajes, quienes se refugian en las formalidades que ellos mismos se inventaron para atrasar una decisión que simplemente tienen que acatar. Porque repito, la inhabilitación es inevitable e indiscutible. No puede correr porque la Constitución lo prohíbe. Ya. Clarito.
En este país tan surreal, que está en no sé cuántas listas oscuras por lavado, un partido decide postular a un candidato condenado por lavado de dinero y declarado corrupto por los EU. Y entonces arranca una carrera contra el reloj, entre un sistema de justicia lento y unos magistrados electorales cobardes. No olvidemos que el caso New Business tiene ocho años dando vueltas entre el MP y el OJ, y que fue el propio Martinelli quien lo atrasó, con la complicidad, de paso, de los magistrados del TE Alfredo Juncá y Heriberto Araúz, que en 2022 decidieron mantenerle el fuero electoral penal, impidiendo que lo llamaran a juicio y retrasando casi 10 meses el proceso.
Ese fue el primer resbalón en la credibilidad del TE, alegando un principio de especialidad inexistente y que no era de su competencia. Que ya habían negado la Corte y el país que lo extraditó. Y luego claro, han seguido de tumbo en tumbo. La certificación sobre ese fuero se la dieron en menos de 24 horas, velocidad que llama la atención sobre todo ahora que andan no con cautela, sino como el mismísimo. Y prohibido olvidar también el silencio cuando Martinelli postuló a su esposa como vicepresidenta. Si no fuera por el escándalo que armaron la sociedad civil y los otros candidatos, ahí en la papeleta estuviera.
Los magistrados del TE se niegan a decir que es un hecho público y notorio que Martinelli no podrá correr, pero sí saben decir que es un hecho público y notorio que se asiló en una embajada. Así de infantil. Primero dijeron que la inhabilitación debía ir a los tribunales administrativos. Luego, que lo iban a decidir en el pleno. Más tarde, le permiten a Mulino participar en el debate sin haber reconocido la inhabilitación del otro, para luego entonces suspender el debate, y ahora volver a convocarlo para un día en el que había otro conversatorio de turismo del que estaban enterados y al que iban a ir los candidatos.
¿Qué es ese relajo? ¿A qué juegan, a quién escuchan y a quién responden? ¿Hasta cuándo esta falta de testosterona que tiene en ascuas a todo un país? De nuevo: parecen no entender su responsabilidad con este país. Que el árbitro de estas elecciones, que vienen reñidas, ande de tumbo en tumbo adecuando las reglas por un delincuente que no puede correr, genera un mundo de desconfianza. ¿Y ahora, que es cuando más necesitamos poder confiar en ellos? Eso es imperdonable. Dos meses tienen para corregir el rumbo y dejar de cometer errores y meter la pata. Dos. Estaremos vigilantes.
