Fui culpable. Culpable de pretender que, al expresar continuamente mi disconformidad ante los problemas educativos que enfrenta nuestro país, hacía algo por mejorar lo que tanto me disgustaba. “Educar a quienes me rodean sobre la situación educativa en Panamá”, pensaba, “¿es suficiente para producir el cambio que necesitamos?”.
Si bien es importante informar a quienes ignoran nuestra realidad educativa, ¿de qué sirve solo quejarme? ¿En realidad, aporto? Me engañé a mí misma al convencerme que se trataba de mi mejor esfuerzo.
De seguro que mis temores fueron mi mayor contrincante: ¿Qué haré si nadie me quiere ayudar, o si no piensan como yo? Nadie me escuchará por ser tan joven y sin experiencia, me repetía…
“Ustedes son muy capaces de ser agentes de cambio”, es una frase que escuché desde la primera sesión del Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana (LIIC). Intentaba convencerme que esa afirmación no me aludía. Por fortuna y, poco a poco, nuestros facilitadores y mis compañeros me ayudaron a descubrir que soy apta para aquello que me proponga. Fue así como María Cristina Osorio, Tatiana Vega, Tomás Torres y yo, Cristina Filloy, ideamos impactar en áreas indígenas, con el propósito de capacitar a madres para ser mentoras en el proceso de aprendizaje de sus hijos. Así nace el Programa Nan Gana, madres mentoras en guna.
¿Por qué madres? Escogimos madres porque la educación se inicia y se refuerza en casa. Brigham Young decía que “si educas a un hombre, educas a un hombre; si educas a una mujer, educarás a una generación”.
¿Por qué indígenas? El 47.8% de las mujeres indígenas de 15 y más años no finaliza la escuela. No tienen las mismas oportunidades: muchas son analfabetas, sus salarios son más bajos y sus empleos son aun más precarios. A diario, enfrentan situaciones desfavorables como violencia doméstica, desempleo y discriminación racial (Unicef, Panamá 2011). Ante esta cruda realidad, surge el antídoto social: Nan Gana, necesario para contrarrestar los efectos tóxicos de la marginalidad étnica que sufren los pueblos originarios.
A través de talleres en habilidades blandas y metodologías de estudio, enseñamos a seis madres indígenas de la comunidad Koskuna, en Veracruz, sobre temas como la importancia de los objetivos, la organización del tiempo y el aprendizaje colaborativo. Las madres mostraron gran interés, comprobaron sus nuevos conocimientos y reforzaron su autoestima.
Nan Gana no se detiene. Seguirá ampliándose a más comunidades, haciendo su mayor esfuerzo en pos de una mejor situación educativa panameña para los más desfavorecidos.
No alcanza solo quejarse.
La autora es miembro del grupo Nan Gana y del Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana.