Cada día que pasa, se hace más evidente que estamos en un país sin rumbo fijo, caracterizado por dirigencias que han fijado su norte en acuerdos de conveniencia hechos durante el periodo preelectoral para asegurar la continuidad de “su gente en el mismo ambiente”, un grupo al que me refiero como el “Cartel de las sanguijuelas”.
El mayor logro del Estado ha sido consolidar las malas prácticas del pasado y continuar con el desangramiento del erario. Un ejemplo claro de ello fue la aprobación de un presupuesto irreal, y ahora nos despertamos con un traslado de partida por la suma de B/.505 millones, retirados de la educación para ser repartidos entre los contratistas del MIVIOT y MOP. Esa ley, que asigna el 7% del PIB a la educación, nunca será derogada, pues es el mecanismo para repartir el botín mediante traslados de partidas, burlando completamente las asignaciones presupuestarias.
Ahora, el Ejecutivo ha presentado al Legislativo las reformas a la CSS. Un proyecto que se caracteriza por no exigir sacrificios al Estado, pero sí pone el peso sobre los jóvenes, los menores de 50 años, y los empleadores, a quienes se les aumenta en un 3% la porción de la cuota patronal.
El sabio dicho de “Con el ejemplo se educa” no se está aplicando en su gestión, pues no ha hecho nada digno de ser considerado como una acción de un prudente padre de familia. Está jugando a los pandilleritos, emulando a Bukele. ¿Por qué no emula a Milei, quien redujo el tamaño de su burocracia gubernamental? No tiene que ir muy lejos; podría copiar la acción del alcalde capitalino, quien redujo en un 50% la planilla municipal.
Fue una irresponsabilidad del Ejecutivo presentar ante el “Cartel de las sanguijuelas” el proyecto de ley para las reformas a la CSS sin antes haber tomado las medidas necesarias para ganarse el respaldo de la mayoría de la gente que no votó por él y a quienes les está pidiendo sacrificios. Esto lo hubiera podido lograr, pero no tuvo la voluntad de hacerlo, como derogando la ley del 7% del PIB para la educación, la descentralización paralela, los aumentos automáticos sin productividad, y la famosa prueba idónea que blinda a los funcionarios corruptos. Además, debería desmantelar la carga burocrática que mantiene el Estado, como un verdadero ejemplo de contención del gasto.
Tenemos un peligro inminente que no es como los malos tiempos climáticos, que pasan. Este peligro durará hasta cinco años, pues así lo dispuso el “Cartel de las sanguijuelas”, resultado de nuestro sistema electoral. El presidente debió haber sido bastante ingenuo, o estuvo en uno de esos cinco minutos de “alelason”, cuando mencionó que esperaba que el Legislativo discutiera el tema de las reformas a la CSS con seriedad y sin politiquería. ¡Esto es como pedirle al árbol de naranjas que dé aguacates! Usted está pidiendo cordura a las fuerzas del mal, donde simplemente no existe, y la única hoja de ruta es hacia el despeñadero, pues son los mismos perros hueveros de siempre. Su aplanadora Legislativa está compuesta por individuos sin ética, baja moral, carentes de honorabilidad y adeptos a la corrupción. Pero esto ya lo sabía cuando se asoció con el “Cartel de las sanguijuelas”. Como dice el dicho: “Crea cuervos que te sacarán los ojos”. El Estado ha puesto el destino de los ciudadanos en manos de esos facinerosos, por lo que estamos en peligro inminente.
Lo que la cordura indica es que se posponga el debate de las reformas a la CSS hasta que el Estado cumpla su aporte de sacrificios, para que no vuelvan a ser promesas huecas, pues la credibilidad está por el piso. A lo mejor, lo que resulte de ese ejercicio es que no haya necesidad de aumentar la edad de jubilación ni las cuotas a los patronos, pues existen indicativos de que, si se aplica cero corrupción, se realiza una verdadera contención del gasto y se recuperan fondos mal habidos, posiblemente sobre dinero. Como alguien dijo: “En Panamá no hace falta dinero, sino que sobran corruptos”. Para muestra, la acción de B/.505 millones realizada por la augusta Comisión de Presupuesto, producto de la manipulación que le hicieron al presupuesto 2025, donde bajaron la potestad del Ejecutivo que había propuesto para aprobar traslados.
Ciudadanos, debemos estar en alerta ante el peligro inminente, pues nos van a decir “A llorar al cementerio” y esto la ciudadanía no lo va a permitir.
El autor es ciudadano.