Parafraseando la famosa frase de Hamlet: “Algo huele mal en Dinamarca”, me permito hacer algunas reflexiones sobre la situación actual de los conflictos con Rusia, como la veo.
Hay varios casos de asesinatos o muertes “extrañas” de opositores de Putin, en una versión más refinada (aunque no tanto) de los tiempos de Stalin, aparentemente el ídolo de Putin.
Ahora es el caso de Prigozhin y, no olvidemos, de toda la cúpula del siniestro grupo Wagner. Con un solo golpe maestro acabó con la cabeza y con los posibles sucesores inmediatos.
Stalin, al menos, a pesar de su barbarie, derrotó a los nazis, y Putin está pasándola difícil con la pequeña Ucrania.
¿Que a Ucrania le proporcionan armas “los occidentales”? Lo mismo hicieron estos con la Rusia de Stalin, antes de que esta pudiera fabricar sus propias armas en cantidades suficientes para derrotar a los nazis.
Es increíble ver cómo los dirigentes de poderosos países a través de la historia han cometido errores estratégicos y este caso no es diferente.
Se obsesionó con conquistar Ucrania a sangre y fuego, y sólo ha conseguido (por ahora) un poco de territorio y la unificación de la OTAN y de Occidente, lo cual además ha creado condiciones difíciles para Rusia.
Esto lo ha empujado a China, que lo ha recibido con los brazos abiertos. China, a pesar de su retórica de “no agresión y resolución pacífica de los conflictos”, no ha condenado la invasión rusa ni ha querido considerar a Rusia como país agresor. Está sacando todo el provecho que pueda, a corto plazo. Hay que ver a mediano plazo cómo le va.
Pero escribiré sobre China (y Estados Unidos) otro día.
Regresando a Rusia, hay otra cosa que me preocupa. Y se trata del apoyo interno del pueblo ruso hacia una guerra de agresión, que cada vez más tocará a sus puertas.
Aun así, Putin parece tener apoyo. Ni hablar del grupo Wagner ni del apoyo que la muerte de Prigozhin parece haber suscitado hacia un grupo “mercenario”, en pleno siglo XXI. Resulta increíble.
¿Qué dice eso del pueblo ruso?
Por ahí dirán que es por la propaganda interna, pero con las redes y la “libertad” de informarse, considero que serán muy pocos los que la crean ciegamente.
Entonces, ¿qué? Tal vez en nuestra Latinoamérica, que ya muy poco va a la guerra con otras naciones, no estemos acostumbrados a lo que los estadounidenses llaman “rally ‘round the flag” (en español, algo así como “unirse alrededor de la bandera”). En sociología se sabe que este es un fenómeno de corta duración, el cual muchas veces es utilizado por los políticos para desviar la atención de los pueblos de los problemas internos.
El discurso de Putin de querer derribar al gobierno de Kiev, acusándolo de nazis (¡a un presidente judío!), no se lo cree nadie.
Es cierto que la OTAN se ha ido expandiendo hasta las fronteras con Rusia, pero al menos hasta ahora eso no había representado ninguna afectación real a Rusia. Igualmente, su comercio con Occidente se había ido expandiendo notablemente, con muchos beneficios para todos, especialmente para Rusia.
¿Y qué ha conseguido Putin con su agresión a Ucrania? Solo reforzar a la OTAN y expandir notablemente su frontera con esta.
Alguna ganancia territorial podría tener al final, lo cual seguro “agrandará” con pitos y bombos. Pero la realidad es que ha empeorado marcadamente su situación estratégica, tanto militar como comercial y económica. Seguramente como parte del “arreglo final” (todas las guerras terminan en una mesa), Ucrania entrará directamente a la OTAN (y tal vez Moldavia).
De nuevo, es análogo al error estratégico de Hitler al meterse en un embrollo del cual no pudo salir, con devastadores costos para el pueblo alemán.
Veremos hacia dónde conduce todo esto, y esperamos que no sea hacia una tercera guerra mundial, cosa que hay muchos que dicen que ya ha comenzado.
