Antes de finalizar el año 2018, los panameños nos asombramos con un video que circuló en redes sociales y medios tradicionales, donde un joven atleta golpeaba inconscientemente a una persona con discapacidad. Casi que de inmediato se produjo una crítica colectiva ante los desmanes de este joven, quien se presume lo hizo más que como un ataque dirigido, como parte de una burla o producto de una presión de grupo.
Este año, vimos otro video donde la madre de un joven con autismo se quejaba de la falta de tolerancia de parte de quien se identificó como una unidad de la Policía Nacional, vestida de civil, quien sugirió que no podía atender a su hijo dentro del servicio de mujeres, por el hecho de ser un varón.
Yo recuerdo cuando los socios del Club Activo 20-30 de Panamá empezaron a hablar de teletón, allá por el año 1981. Yo laboraba para uno de los principales canales de televisión local y no se hablaba de personas con discapacidad; se hacía referencia a “impedidos físicos”. El término, al igual que lo que implicaba, gracias a Dios dejó de ser la forma como uno llamaba a estas personas.
En aquel entonces, en el recorrido que hicieron los jóvenes Activo 20-30 por todo el territorio nacional, descubrieron que había niños y jóvenes con algún tipo de discapacidad atados a un árbol en varios patios y los cuales eran tratados a veces peor que a los propios animales que deambulaban alrededor de ellos. En otras culturas nacionales, eran considerados exabruptos de la naturaleza y hasta expulsados de las comunidades donde habían nacido y crecido.
Gracias a proyectos como el Teletón 20-30, se visualizaron varios de estos casos y, poco a poco, gracias a la creación de proyectos como la Fundación Pro Impedidos, hoy Funproi, las personas con discapacidad han logrado ganar sus propios espacios en la sociedad donde viven.
Muchos han logrado educarse, cosa que era casi que prohibido, anteriormente, se han superado y son profesionales altamente competitivos en sus respectivas áreas de trabajo. De hecho, muchas empresas los prefieren por su capacidad, rendimiento, su capacidad de cumplir tareas y su puntualidad, entre otras tantas virtudes.
Sin embargo, con sumo pesar ante los hechos con los que iniciamos este escrito, vemos que hay un largo camino por recorrer, para ya no solo visualizar, sino tratar con el respeto y la dignidad que se merecen a las personas con algún tipo de discapacidad.
Todos los panameños y quienes han escogido este país como su residencia, debemos ponernos en los zapatos (y sillas de ruedas, bastones, etc.) de estas personas con cualidades especiales y obedecer las leyes existentes y tomar conciencia de las situaciones por las que ellos atraviesan, tratando, como le sucede a los zurdos, mujeres, personas de color, de diferentes orientaciones sexuales y otros más por ahí, de caber y adaptarse a una sociedad que no fue concebida originalmente para ellos, pero de la cual son una parte esencial.
Activo 20-30, junto con organizaciones como la que en su momento fundó la Dra. Cambra de Varela, el en su momento denominado CAI-CRI, producto igualmente de las donaciones provenientes del Teletón 20-30 y otras tantas, les permitieron a las personas con discapacidad una plataforma para ser reconocidos y valorados.
Hoy, todos los panameños debemos adoptar una posición de tolerancia, respeto y promoción de la dignidad, para que espectáculos bochornosos como los del joven atleta o de la supuesta unidad de policía no se repitan, y que jamás vuelva a repetirse una situación donde ya no se amarre a estos hermanos a un árbol en el patio, pero los hacemos sentir como si talamos ese árbol para no tener ni siquiera dónde amarrarlos.
El autor es comunicador y socio vitalicio del Club Activo 20-30.
