Este fin de semana fui a El Caño para llevarme una experiencia sorprendente. El Caño exhibe los tesoros que National Geographic llamó primero “El Dorado de Panamá” (2012). Correspondió a la Senacyt, al INAC y a la Fundación El Caño el haber permitido tener esa oportunidad. Para el sábado 20 de abril, más de 500 panameños habrían estado admirando la orfebrería del gran Coclé. Hubo que esperar más de 15 años para tener la posibilidad de admirar este patrimonio arqueológico, que por Ley pertenece a la Nación y cuya divulgación, custodia y administración corresponde a la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico del INAC. Espero que el tema de la institucionalidad y los derechos sobre el patrimonio histórico sean revisados.
Esta premisa nos da pie para exponer un balance de lo que ha sido la gestión del patrimonio cultural en Panamá, a la luz de la administración, en el período 2014-2019 que ya termina.
Las iglesias del Casco Antiguo, dentro del Conjunto Monumental Histórico, fueron entregadas para su administración a la sociedad civil y a la Iglesiacatólica. Fue público y notorio el resultado de la gestión; entre ellas, algunos gritan ¡qué belleza! Otros señalamos el incumplimiento de la Ley 14 de 5 mayo de 1982, por la cual se dictan medidas sobre custodia, conservación y administración del Patrimonio Histórico de la Nación. La última ejecutoria corresponde a la Catedral Basílica Mayor Santa María la Antigua, a la cual le espera una auditoría para evaluar los criterios de su intervención. Ahora lo reciente es que sobre su techo reclama fumigación para la polilla. ¿Si no hay para fumigar, habrá que preguntar cómo se va a pagar un aire acondicionado que nunca tuvo?
El Museo de Penonomé abrió el año pasado, exhibiendo nuevos materiales rescatados por el Canal de Panamá en los estudios hídricos regionales. El Museo Antropológico Reina Torres de Araúz duerme el sueño eterno. La gestión para su reapertura no será posible al término del gobierno. Asuntos administrativos dilatan la adjudicación del acto público: los refrendos, inhabilitaciones empresariales y el contexto político electoral, el proyecto pasa para el próximo quinquenio. Hubo que pedir prestado al BID para gestionar el patrimonio cultural panameño.
El Teatro Nacional trata de ser inaugurado por el Ejecutivo a tambor batiente y a medio palo. Por experiencia propia, afirmo que a la principal sala de las artes del país le han sido aplicadas estrictas acciones restauradoras, colocando el estado de la obra a los niveles de las mejores salas del continente. Lo anterior sin menoscabo de la conservación de su acervo artístico. Buen trabajo por quienes tuvieron la responsabilidad de llevar a cabo esa tarea.
El Conjunto Monumental de Casco Viejo y la gobernanza deben ser revisados y encontrar el modelo de gestión que promueva la conservación monumental, temas de movilidad, seguridad, actividades económicas, junto con una política social de vivienda. Portobelo y San Lorenzo, patrimonio en peligro, estrenó un patronato para su gestión, teniendo entre lo más notable la apertura de un centro de visita en San Lorenzo. Finalmente, integrar bajo una sola propiedad cultural los caminos empedrados de Camino de Cruces y Camino Real, junto con Panamá Viejo y Casco Antiguo, inscritos en Unesco como patrimonio de la humanidad, es un desafío.
La panacea de los patronatos y fundaciones privadas para la gestión del patrimonio cultural debe ser revisada para garantizar transparencia y efectividad.
Cerramos la inscripción del sombrero pintao y los congos a la categoría de patrimonio inmaterial de la humanidad de Unesco, gestión que impulsó el Ministerio de Comercio e Industrias y no el Instituto Nacional de Cultura.
La casa Wilcox es parte de las grandes decepciones sobre la renovación urbana y la restauración de Colón. Ya bastante hemos dicho sobre el tema. Lo que brilló fue la promesa incumplida gritada a viva voz desde sus balcones en 2014.
Fuera del balance queda la promoción de las industrias creativas o industrias naranja en la agenda electoral, y elevar el INAC a nivel de un ministerio y dotarlo de los recursos técnicos, humanos y financieros para cumplir con el mandato que le dicta la ley.
Espero que estos temas no caigan en saco roto. Nuestra sociedad requiere de tener la oportunidad de valorar lo que nos pertenece, darle continuidad y sobre todo reconocer la competencia institucional en la administración patrimonial, temas que están normados desde la Constitución y desde allí, cancaneando por el andamiaje administrativo que lo regula.
El autor es ingeniero civil
