En la conversación pública sobre infraestructura, la atención suele centrarse en lo visible: carreteras, puentes, sistemas de transporte o grandes edificaciones. Sin embargo, detrás de cada proyecto existe una dimensión menos perceptible, pero determinante: la calidad de su planificación y, en particular, la solidez de su estructuración financiera.
Un presupuesto no es únicamente una estimación de costos. Es una herramienta estratégica que orienta decisiones, define prioridades y permite anticipar riesgos. Cuando se construye de forma integral, se convierte en una base sólida para la ejecución; cuando no, puede limitar el desarrollo del proyecto incluso antes de iniciar.
En Panamá, el debate reciente sobre proyectos de infraestructura ha puesto en evidencia la relevancia de conceptos como la viabilidad financiera y la bancabilidad. Más que enfocarse en cada caso, estos escenarios ofrecen una oportunidad para reflexionar: los proyectos no solo deben ser necesarios o técnicamente viables, sino también estar estructurados de manera que generen confianza en los actores que participan en su desarrollo, especialmente en el ámbito financiero.
En este contexto, las Asociaciones Público-Privadas (APP) aportan un marco relevante. En ellas, el presupuesto deja de ser un documento estático para convertirse en un elemento central de la asignación de riesgos, la estructuración contractual y la sostenibilidad del proyecto. No se trata únicamente de cuánto cuesta una obra, sino de cómo se distribuyen responsabilidades y se asegura el equilibrio económico-financiero durante todo su ciclo de vida.
Una de las primeras lecciones es la importancia de contar con objetivos claramente definidos. Un presupuesto alineado con una visión estratégica permite priorizar recursos y mantener coherencia entre lo planificado y lo ejecutado. De igual manera, la calidad de la información de base es fundamental: datos incompletos o desactualizados pueden traducirse en estimaciones que no reflejen las condiciones reales del mercado.
Asimismo, resulta indispensable adoptar una visión integral de los costos. En proyectos de infraestructura, y particularmente en APP, esto implica considerar no solo los costos de construcción, sino también los asociados a la operación, el mantenimiento, el financiamiento, los riesgos y las contingencias. La omisión de estos elementos puede generar desviaciones que afecten la sostenibilidad del proyecto.
Otro aspecto clave es la gestión de riesgos. Un presupuesto robusto no solo cuantifica costos, sino que incorpora escenarios alternativos y márgenes de contingencia que permiten enfrentar cambios en el entorno. Esta capacidad de adaptación es esencial en proyectos de largo plazo, donde variables como las tasas de interés o la inflación pueden evolucionar significativamente.
De igual forma, la actualización de precios y supuestos debe ser un proceso continuo. En entornos dinámicos, mantener la pertinencia del presupuesto es una condición necesaria para asegurar la viabilidad del proyecto en todas sus etapas.
Más que su formulación inicial, el presupuesto debe entenderse como una herramienta de gestión. Su valor se materializa cuando sirve para monitorear avances, controlar cambios y facilitar la toma de decisiones informadas durante la ejecución. En esquemas APP, esta disciplina financiera resulta determinante para garantizar la adecuada prestación del servicio.
En este tipo de proyectos, estos elementos inciden directamente en la bancabilidad, es decir, en la capacidad de atraer financiamiento bajo condiciones sostenibles. Un proyecto bien estructurado no solo cumple objetivos técnicos, sino que también genera la confianza necesaria para movilizar recursos del sector privado.
Panamá ha dado pasos importantes en el desarrollo de proyectos bajo este modelo, en el marco de la Ley 93 de 2019. Este avance representa una oportunidad para seguir fortaleciendo capacidades en planificación, estructuración y gestión de proyectos.
Más que identificar errores, el enfoque debe orientarse hacia el aprendizaje continuo. Cada proceso, independientemente de su resultado, aporta elementos valiosos para perfeccionar futuros desarrollos.
Al final, la infraestructura no comienza con la construcción. Comienza mucho antes: en la forma en que se planifica, se estructura y se proyecta hacia el futuro. Porque, en el mundo de las APP, presupuestar bien no es solo un ejercicio técnico, sino una forma de construir con visión.
La autora es abogada y especialista en proyectos de Asociaciones Público-Privadas (APP) y contrataciones públicas.

