No siempre y no muchos pueden decir que saben con exactitud lo que en la vida serán o qué profesión u oficio desempeñarán. Solo unos pocos, desde muy temprano reconocen su vocación y en busca de perseguir ese sueño, se abocan en un propósito superior que le brinde los frutos como resultado de los logros obtenidos.
Aunque lo anterior sea cierto, para que esos logros se hagan realidad, deberán contar con personas que con amor y desinterés les apoyen en ese camino cuyo recorrido estará lleno de experiencias, las cuales entendidas como parte de la mera existencia, harán de cada cual una mejor persona.
No quiero filosofar, pero si no entendemos de dónde venimos y quiénes somos, cómo podremos saber hacia dónde vamos o mejor aún, a dónde queremos ir. Como sociedad debemos entender que somos la suma de personas que, con ideas y necesidades, así como sueños, buscan el bienestar como algo lógico y fisiológico.
Si los gobiernos entendiesen que la suma de los integrantes de una nación necesitan soñar, tener aspiraciones y metas, esto ayudará a crecer más fácil. Si, por el contrario, los mismos carecen de toda esperanza de una vida mejor, solo se convierten en personas que en una amargura existencial sobrellevan una carga tan pesada que lo que sea les vale, ya que la necesidad tiene cara de perro.
Si los liderazgos están sesgados, es decir, no persiguen verdaderamente el trabajo en equipo, sino la mera consecución de aspiraciones personales, de grupos familiares o amiguetes, entonces hemos perdido el rumbo ya que si el capitán y peor aún también la tripulación, nos llevan o dirigen hacia tempestades aun a sabiendas que ese buque llamado país puede sucumbir, estaremos ante las puertas de anarquías donde solo prevalecen los intereses personales matando aquellos sueños y aspiraciones de una mayoría ávida y necesitada de esperanza y guía.
Si hoy buscamos señales que nos den luces de hacia dónde vamos, no encontraremos más que una brújula rota, dañada en su esencia, brindando coordenadas erróneas de ese derrotero que todos anhelamos, de ese momento en la historia que nos permita construir y dejar legado a los que vienen detrás, y demostrarles que con el solo ánimo de mejorar es posible lograr una vida mejor, con aquella vocación, un llamado a aquel cuya inspiración debemos promover para que las nuevas generaciones entiendan que lo que viene les pertenece. pero que hay que luchar por ello, pues gratis no es ya que ese pan que parece regalado no es más que pan para hoy y hambre paramañana.
Hacia dónde vamos es una pregunta que frecuentemente debemos hacernos ya que, sin claras metas y objetivos, solo pasando por la vida como seres sin rumbo, terminaremos siendo lo mismo en un constante cambio de supuestos que solo los alternamos cada cinco años. ¿Qué tal si los que verdaderamente quieren a Panamá se preocupan por ella? Es así como una mejor vida y futuro se unen en un fin superior, la nación y su gente.
El autor es empresario
