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Arden edificios de la universidad

No olvido la creatividad de un amante de los museos, cuyo edificio estaba en completo y lamentable deterioro. El ingenioso, en una noche escogida por él, alborotó a los medios informativos anunciando que ese edificio ardía en llamas. Que se estaba quemando. Miles de ciudadanos, preocupados al escuchar la noticia, abarrotaron el lugar, quedando asombrados al percatarse que no había fuego alguno. 

Y así era. Lo que hizo el supuesto incendiario fue llamar la atención, alertar a los vecinos de la necesidad, por demás urgente, de recuperar ese bien inmueble tan apreciado y necesario. Un llamado también a las autoridades, quienes son los que toman decisión de presupuestos, para que sepan que ese estado era inaceptable, que era urgente revertir lo deplorable de tal edificación. 

Algo parecido, con igual objetivo, habría que hacer en Colón, respecto a las instalaciones que alojan al Centro Regional Universitario. La casa en la que se forma la juventud y se da acabado a los futuros profesionales está colapsando. Y es que parte de las edificaciones que vienen del silver roll, del tiempo de los norteamericanos, son una ofensa a lo que merece la academia universitaria en Colón. Si se recorre dicha instalación, que el estudiantado ha llamado el “Arca de Noé”, cualquier visitante no podrá creer lo que sus ojos ven, de seguro que entrará en shock. Hablamos de la supervivencia de edificios en ruina que no soportan el tiempo. 

Es una realidad que no merecen los universitarios, ni la misma provincia, ni el país. Cuando en Colón las clases reinicien presencial (aún esto no ha ocurrido precisamente por las condiciones de los edificios), ahí deberán recibir sus clases —si es que será posible— no menos de 800 estudiantes. Bueno, que se sepa. Eso es también un verdadero peligro, porque hablamos de infraestructuras condenadas, imposible de recuperar como lo evidencia las remodelaciones hechas, pero que siguen peor. 

Ese peligro, que es real, hay que evitarlo a toda costa con urgencia, atacar la problemática y garantizar que en un tiempo prudente Colón, su universidad, logre tener las instalaciones que sean digna para el desarrollo de la enseñanza superior. Y no solo las instalaciones, sino que hay que pensar en la reubicación de la sede regional para lo cual las áreas revertirás son una alternativa viable en esa visión de darle a esas tierras el uso más social posible. 

Luego entonces imaginemos que las llamas están consumiendo esos cascarones y que, por tanto, concurrimos todos, autoridades, docentes, estudiantes y la misma comunidad, a exigir que se le dé a Colón las edificaciones indicadas para que la juventud tenga una casa digna para hacerse de su profesionalización.

El autor es docente universitario


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