Casi nunca abren la boca y si lo hacen, la trascendencia de sus ideas provoca un largo bostezo. Pero, cuando se trata de plata, posiblemente no dirán las cosas más inteligentes, pero el escándalo que arman llega hasta el palomar del Palacio de las Garzas. No hace mucho pasó en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional, donde los padrastros de la patria se rasgaron las vestiduras porque no hay plata para sus sinvergüenzuras. El propietario de la finca denominada Chitré, diputado Manuel Cohen –de Cambio Democrático–, dijo que es una “vergüenza” carecer, no de los $12 millones que se autoaprobaron los diputados para el funcionamiento de la Asamblea Nacional, sino de los $50 millones que ellos requieren para cubrir todas –todas– sus necesidades.
Es como si un mensajero acudiera a una entrevista de trabajo y cuando el patrón le pregunta ¿cuáles son sus aspiraciones salariales?, el candidato responde: Son $3 mil para cubrir mis necesidades más urgentes. Es obvio que el resultado de esa entrevista será que en los siguientes minutos el candidato al puesto conocerá personalmente el interior de un tubo. Pero, en cambio, los diputados sí reciben la plata, sin importar si lo que hacen sirve de algo. Y esa es nuestra gran desgracia.
Luego dio su discurso el hijo de su santidad Benicio Robinson (PRD), que después de dilapidar quién sabe cuántas de sus preciosas células cerebrales, su padre no halló mejor forma de eternizar su herencia que llamar al vástago con su nombre. Así que, siguiendo los pasos de su sabio padre, trató de justificar un aumento del presupuesto para los diputados. Para ello nos dio un poderoso argumento, muy díficil de rebatir: Ellos –los de la planilla de funcionarios transitorios de la Asamblea– “han trabajado para que los diputados ocupemos nuestras curules”. O sea que hay que premiarlos porque, sin ellos, no hubiésemos sido bendecidos con lumbreras como Robinson o Cohen.
No creo que eso sea clientelismo puro y duro. Es solo la definición de una frase acuñada por nuestras divinidades legislativas: “Qué hay pa’ mi”. “Si tu consigues los votos para mí, yo te doy en compensación un contratito en la Asamblea cuando sea diputado”. Y, a propósito, ¿en qué rama laboral te desempeñas? Bueno, yo soy analista de movilidad y cumplimiento de entregas en entornos corporativos y gubernamentales. ¿Eres mensajero? Sí, pero esa palabra es la acepción vulgar. Sin nosotros no hay mensajes y Ud. sabe que sin la mensajería no hay Gobierno. Entonces, hay que darles $12 millones o no podremos presumir del lujo de tener como diputados a criaturas tan honestas, capaces, trabajadoras y comprometidas.
Y, en medio de la prolija y elegante locuacidad del presidente de la Cámara de Lores solicitando el dinero para satisfacer sus necesidades electoreras, su majestad Jorge Herrera nos dice que lo que está pidiendo solo alcanzará hasta la primera mitad del año. O sea que antes de que termine 2026, habría nuevas solicitudes de mameyes, porque ese biyuyo –el de $12 millones– no alcanzará. Y una cosa más: debemos estar agradecidos, porque Su Majestad había solicitado, no $12 millones, sino $57 millones, pero en su sabiduría, el MEF le dio una fracción de lo solicitado: solo para lo prioritario. ¿Y de dónde saldrán esos $12 millones? Fácil: Del Ejecutivo.
En fin, siguiendo con el argumento de nuestras lumbreras legislativas, hay que premiar a todo seguidor que haya trabajado para su respectiva campaña. Cada diputado tiene que darle incentivos a los miembros de su equipo de campaña para garantizar que trabajen en la próxima. Y si eso cuesta $12 millones o $60 millones o $100 millones, pues que así sea. Lo importante es tenerlos animados y comprometidos. Es simple lógica electorera.


