El propósito de no tener a los partidos políticos participando en el Canal de Panamá tiene un motivo simple: cuando un político roba, no lo alcanza la justicia. Actitud que es una constante enfermiza de nuestra clase política. En 1994, ante la inminencia de la reversión del Canal a Panamá, debido a este miedo social se creó constitucionalmente un escudo en contra de los ladrones y malandrines llamados políticos (no generalizo, pero desgraciadamente es casi una regla).
Últimamente hemos visto toda clase de ataques políticos en contra de los sueldos que rigen en la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).
La Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional es presidida por el diputado Luis Barría, quien descaradamente y sin importarle la Constitución ni las leyes, intenta tomar para fines políticos $200 millones del presupuesto de la ACP. En cualquier país del mundo esta comisión estaría presa por planear e intentar un robo y por atentar contra la Constitución. El propósito de esta norma constitucional fue proteger al Canal contra la robadera legalizada de los políticos de turno. El plan falló, pero se escuchan los aullidos de la manada por querer meterle los dientes a la Autoridad del Canal por todos lados; el dolor de no poder morder a su antojo es grande.
El último ataque al Canal surgió de la vicepresidenta de la República, quien derramó ignorancia tergiversando el tema de los salarios con tal de justificar la fechoría deseada. Su tuit es claro: “el peso salarial de algunos que impide que la ACP dé un aporte mayor, no está bien, el Canal es de todos”. Si habla de sueldos de directivos políticos en el Canal, tal vez tenga razón. Pero soslayó que el problema no surge porque el Canal no aporta fondos suficientes, sino porque el gobierno despilfarra lo que se le entrega sin tomar en cuenta el enorme porcentaje de sus ingresos que la ACP entrega al gobierno.
La propaganda negativa es constante y dura. Sin embargo, lo que no dicen los diputados, o el Ejecutivo, es que el Canal ha aportado suficiente dinero en este período como para hacer de este país una nación próspera y rica. La razón de que no avancemos es la misma: corrupción de jueces, diputados y gobierno. El dinero del Seguro Social, la flota mercante, el Canal, los ingresos fiscales, entran por millones, todo generado por un ritmo de crecimiento de 6% anual. Ningún otro país de América crece como Panamá, pero el pueblo apenas si recibe migajas. La pregunta del atardecer es, ¿por qué atacan al Canal?
La respuesta es sencilla: los lobos también quieren esa teta. Nada los llena, son insaciables. El Canal tiene un récord impecable; su contribución al Estado es a nivel de una compañía del primer mundo. Su fuerza laboral es impecable. Claro, nada es perfecto en el paraíso. Los directivos son políticos; no son profesionales canaleros. Hay varios políticos de la junta directiva involucrados en escándalos. Y esto es lo que nos afecta como compañía. Cada error que hemos cometido es producto de una decisión política.
El Canal cuenta con una fuerza de prácticos considerada, no por mí, sino por la industria, como la mejor del mundo. Tenemos una administración canalera (la no política) que acaba de salvar de la quiebra a esta nación. La posición del administrador Jorge Quijano de no pagar la estafa de Sacyr fue posible porque es un canalero. De haber sido un político quien atendiese los absurdos reclamos de Sacyr, habríamos tenido los mismos resultados desastrosos que hemos tenido a lo largo de nuestra historia en la venta de nuestros activos más preciados. Los resultados los vemos en los puertos, en nuestro sistema eléctrico, en las partidas circuitales, en el corrupto servicio exterior, en la venta de licencias marinas y en el descaro de nuestra justicia y sistema legislativo.
La imbécil retórica del socialismo latinoamericano de quitarle a la clase media para subsidiar a la clase baja, para que los políticos puedan vivir como clase alta, no funciona. Vivimos en un país capitalista, un empleado puede tener un sueldo alto mientras se lo sude. En el Canal de Panamá todos contribuimos a la grandeza de esta nación. Lo hacemos no solo con nuestra integridad en el trabajo y con el pago de nuestros impuestos, sino con millones de dólares que la clase política se toma para sí por hacer absolutamente nada. Pero antes de la noche, siempre hay un atardecer. En medio de la oscuridad política de nuestra patria, los lobos perciben que la tarde ya casi le llega al Canal de Panamá.
El autor es práctico del Canal de Panamá.
