Es habitual visualizar la enseñanza en un espacio de cuatro paredes, un poco desconectado de su entorno y con una dinámica que puede volverse monótona. Los estudiantes pasan gran parte de sus vidas dentro de un salón de clase, intentando imaginar cómo funciona el mundo más allá de ese espacio.
Existen carreras que tienen la ventaja de tener una vinculación directa con la naturaleza, lo que les permite interactuar en contextos reales. Sin embargo, en otras áreas como la gastronomía suele pensarse que su ejercicio se limita únicamente a la cocina. Lo cierto es que esta profesión implica mucho más y conlleva una alta responsabilidad frente al medio ambiente y el cambio climático.
La producción de los alimentos genera aproximadamente un 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y, dentro de estas, el gas metano ocupa un lugar relevante, siendo uno de los principales responsables del calentamiento mundial actual. Este dato evidencia que cada decisión en torno a los alimentos, desde su origen hasta su consumo, tiene un impacto directo en el planeta.
En este sentido, el gastrónomo no solo debe enfocarse en la preparación de platillos para el disfrute, sino también en comprender y actuar sobre lo que ocurre antes y después de cada proceso. Conceptos como sostenibilidad y economía circular se mencionan con frecuencia, pero muchas veces no se reconocen como prácticas que pueden integrarse en la vida cotidiana dentro de la cocina, con el aprovechamiento de residuos, reducción del desperdicio y el respeto por los ciclos naturales.
Actualmente, desde la Licenciatura de Gastronomía de la Universidad de Panamá, se busca inculcar en los estudiantes una visión más consciente, promoviendo la creatividad, el aprovechamiento de los recursos y la comprensión de que cada acción tiene una consecuencia ambiental.
En este contexto, el Aula Verde surge como una alternativa pedagógica que permite transformar la enseñanza tradicional. Se trata de un espacio donde los estudiantes pueden aprender en contacto directo con la naturaleza, comprender el origen de los alimentos, participar en procesos de cultivo y desarrollar prácticas sostenibles. Este tipo de entorno no solo complementa la teoría, sino que fortalece el aprendizaje experiencial, generando una conexión profunda con el entorno y fomentando una mayor sensibilidad ambiental.
Las aulas verdes, implementadas en distintos contextos internacionales, han demostrado que aprender fuera del aula tradicional no solo mejora la comprensión, sino que también despierta el interés, fomenta la empatía y el compromiso de los estudiantes con su realidad.
No podemos seguir formándonos en una burbuja, ignorando que el medio ambiente es parte fundamental de nuestra existencia. Desde las aulas es necesario sembrar semillas de conciencia que puedan crecer y multiplicarse en cada estudiante, trascendiendo más allá del espacio académico.
En resumen, educar no solo es transmitir conocimiento, sino formar individuos capaces de transformar su entorno, convirtiendo su educación en la vida misma.
La autora es arquitecta y estudiante de 2.º año de la Facultad de Gastronomía de la Universidad de Panamá.

