Azuero no tiene una crisis de agua de un año. Tiene una crisis de décadas que finalmente explotó. La contaminación de los ríos La Villa y Estibaná en 2025 no fue una sorpresa: fue la consecuencia lógica de años de descargas porcinas mal manejadas, aguas servidas, lixiviados, deforestación, mala gestión de residuos y un control prácticamente inexistente sobre la cuenca. Lo grave no es solo lo que pasó. Lo grave es que había advertencias desde hace por lo menos veinte años y nadie actuó con la seriedad que correspondía. El problema pasó por cuatro gobiernos, y ninguno lo enfrentó como debía.
Aquí hay que hablar claro. Los pozos anunciados por el Gobierno ayudan, pero no resuelven el problema de fondo. Son un paliativo, no una salida. Si la cuenca sigue contaminada, Azuero seguirá viviendo entre cisternas, agua hervida, incertidumbre, promesas y estrés —mucho estrés—. Vender pozos como solución es vender alivio momentáneo, no estabilidad. Y si resolver esto en serio toma tres años, entonces que se diga así, completo y sin cuentos: con cronograma, responsables, presupuesto, supervisión y metas públicas. La gente tolera mejor una verdad dura que una mentira administrada. Parte del problema aquí también ha sido la mala comunicación oficial: no se ha explicado con claridad la magnitud real del desastre, cuánto cuesta resolverlo ni cuánto tiempo tomará. El que dijo que esto se arreglaba en un año no entendía el tamaño del problema. Y eso no puede repetirse.
También hay que decir otra verdad incómoda: la protección política a los infractores tiene que acabarse. No voy a señalar a nadie sin prueba, pero es evidente que durante demasiados años hubo permisividad, lentitud y padrinazgo institucional frente a actividades que fueron deteriorando la cuenca hasta volverla frágil. Cuando un problema se denuncia por años y nadie corrige nada de verdad, no solo falló la técnica. Falló la autoridad. Y fallamos todos.
El negocio porcino en Azuero es importante, genera empleo y mueve la economía local. Nadie serio está planteando borrarlo del mapa. Pero cuando no sea viable controlar de verdad sus descargas, al país le sale más barato reubicar inmediatamente parte de esa actividad que seguir pagando crisis sanitarias, sociales y políticas cada vez que colapsa el río. Y sobre esto, el mundo ya dio ejemplos. Havelock North, en Nueva Zelanda, mostró que una sola crisis de contaminación fecal puede costar unos US$21 millones. Toledo, Ohio, tuvo que invertir US$53 millones solo en ozono para reforzar su planta. Y Nueva York ha demostrado por años que proteger la cuenca cuesta menos que vivir parchando una fuente contaminada. Dicho simple: puede salir más barato reubicar, prohibir e indemnizar algunas actividades que condenar a más de 120 mil personas a agua mal tratada, enfermedades y un mal clima social en una región clave del país.
Con los agroquímicos pasa algo parecido. Panamá reaccionó tarde. IPEN, una red internacional enfocada en contaminación química y salud ambiental, ha advertido que en países como Panamá han seguido circulando plaguicidas altamente peligrosos que ya estaban prohibidos o severamente restringidos en otras partes del mundo. Si países más avanzados ya concluyeron que ciertos químicos son demasiado riesgosos para la salud y el ambiente, Panamá no puede seguir actuando como si no supiera. Proteger la cuenca de Azuero también exige revisar, restringir y sacar de circulación lo que claramente no debería seguir usándose cerca de fuentes de agua.
La solución para Azuero no es una obra ni mucho menos pozos. Es un paquete completo: modernizar potabilizadoras, sanear aguas servidas, intervenir vertederos, exigir tratamiento real a los porcinocultores, prohibir de verdad pesticidas peligrosos, proteger y reforestar riberas, monitorear de forma continua, castigar ejemplar y públicamente al que contamina, y comunicar adecuadamente. Comunicar adecuadamente debe traer paz social siempre.
El agua potable no se improvisa. Se protege. Y en Azuero perdimos demasiado tiempo.
El autor es empresario y fue director de Aseo de la ciudad de Panamá entre los años 2006-2009.
