Con suficientes días desde el estreno hasta el momento que escribo esto, me siento cómoda de hablar sobre una película que quise darle un tiempo antes de caer en acusaciones de spoilers. La película Barbie llegó para romper récords, desde estrategias de mercadeo hasta el billón de dólares en taquilla. Llegó también para llenar los cines de rosado y a sus audiencias de preguntas; algunas sencillas como, ¿qué acabo de ver? Y otras más complejas como, ¿qué es feminismo? Apostaría a que la pregunta más frecuente no la hicimos en introspectiva pero envés, se la hicimos a quien teníamos al lado para entender y digerir nuestra propia opinión: ¿te gustó?
Una pregunta de dos palabras desató una cadena de otras: como feminista, ¿debo afirmar que es mi película favorita? O, ¿todo lo contrario?Si la critico, ¿estaré insultando a la icónica Greta Gerwig? ¿Qué significó el personaje de Alan? ¿Me gustó? Lo más valioso que nos dio la película fueron las distintas respuestas de parte de críticos y opinologos.
Las opiniones fueron igual de dispersas que fascinantes. Algunos autores compararon la visita al “mundo real” de Barbie con el momento de iluminación del Buddha. Por otro lado, un artículo de El País hizo el interesante contraste entre esta y Oppenheimer, película que compartió con Barbie el día de estreno. El título es “Robert Oppenheimer también creó a Barbie: cómo la era atómica encarceló a las mujeres en un mundo siniestro”. La premisa de la autora es que, tras la reclusión por la guerra de las mujeres como amas de casa, Barbie acudió a su rescate y le mostró que podía ser más que esto.
Pero los que hemos visto la película entendemos que este no es el verdadero mensaje detrás. La idea de que una mujer puede ser lo que quiera ser pertenece a un feminismo que ya, para muchas, se toma como un hecho. Este feminismo entiende que vestirse de rosado y horrorizarse ante la celulitis no celebra la feminidad. Ser feminista es complejo de describir. Así mismo, el mensaje de Barbie es mucho más complejo que estas nociones.
Hay un concepto en el derecho referente a su aplicación en el tiempo y en el espacio: las leyes solo pueden ser aplicadas en el lugar y en el tiempo donde se ejerce el mismo. No cabe una ley de India en Panamá, y posiblemente no cabe la misma norma hoy que hace 20 años. Leer las distintas opiniones de Barbie me ayudó a construir la mía y entender que las lecciones que nos deja la película son aplicables únicamente en el tiempo y en el espacio de quien la ve.
Para algunos, mostró un feminismo desfasado; para otros, uno muy moderno. Para historiadores, era imposible no compararla con Oppenheimer. Para amantes de la música, I’m Just Ken representó lo mejor o lo peor de la película. Para Raquel Pelaez, autora del artículo de El País, la película inspiró una brillante línea: “Oppenheimer contra Barbie era el choque de dos mundos y el resumen perfecto de una de las grandes guerras culturales de nuestro tiempo: la negrura contra los colores, la muerte contra la vida, el luto contra la alegría, la intelectualidad contra la frivolidad… el hombre contra la mujer”.
¿Que si me gustó? Responder esta pregunta se trataría más de mí que de Barbie. En el tiempo en el que me encuentro y en el espacio que ocupo, lo que puedo afirmar es que no he sido testigo de otra película que haya despertado en tanta gente las ganas de comentar, comparar, criticar o celebrarla. Si nos gustó es secundario.
La autora es periodista y estudiante de derecho y ciencias políticas
