Bien expresa la carta magna las funciones de un diputado en la Asamblea Nacional, siendo así: expedir leyes, ejecutar control sobre la administración pública, ejercer la representación adecuada de los partidos políticos y ejercer funciones judiciales cuando así les corresponda.
Comienzo con estas líneas para que nos preguntemos, ¿realmente nuestros diputados electos merecen recibir los diferentes beneficios que hoy día tienen?
Nuestros diputados mantienen remuneraciones mensuales de entre 7 mil y 10 mil dólares mensuales, recibiendo, además, otros beneficios o privilegios, tales como importaciones de autos exonerados de impuestos cada dos años; no se les descuenta el sueldo por no asistir a las sesiones; mantienen inmunidad jurídica, y además cuentan con un presupuesto para contratar personal, entre otros.
Mantenemos, en el actual gobierno así como en pasados periodos, a muchos miembros de la Asamblea Nacional (por no generalizar), con los que la población que los eligió muestra inconformidad al ver el trabajo realizado y su comportamiento dentro y fuera de la Asamblea. Esta población siente que estos miembros de la Asamblea no son merecedores de estos altos salarios y privilegios.
Últimamente, lo único que observamos en la Asamblea Nacional son diputados elegidos por el pueblo que han estado involucrados en diferentes escándalos mediáticos, con largas horas de ausentismo durante la jornada laboral, que no han atendido anteproyectos de ley propuestos durante diferentes periodos. No se puede olvidar las famosas planillas publicadas, en las que mantienen familiares u otras personas (las bien llamadas botellas) que no justifican los altos salarios contratados.
¿Creen ustedes, lectores, que se justifican los beneficios de los diputados de la Asamblea Nacional?
Con esta pregunta abierta finalizo mi comentario, con la esperanza de que en las elecciones del pasado 5 de mayo hayamos votado por candidatos que sí trabajan, esos que hacen la diferencia dentro de la Asamblea, y que como ciudadanos cuestionemos y hagamos las auditorías necesarias para lograr que nuestra Asamblea Nacional empiece a cumplir a cabalidad sus funciones, y realmente sea merecedora de todos estos beneficios que mantienen los llamados padres de la patria.
La autora es estudiante de maestría de la UIP.