Soy uno de los primeros estudiantes de bibliotecología de la Universidad de Panamá, tuve el privilegio de ser alumno de Gastón Litton, Carmen de Herrera, Isaura Salazar y Ana María Jaén. Inicié la carrera al trabajar en la biblioteca para pagar mi matrícula.
Ser bibliotecario marcó mi docencia y amor por la literatura. Pude orientar eficazmente a mis estudiantes en la investigación y en los métodos de estudio.
El Instituto José Dolores Moscote, fundado en 1956, me acoge como bibliotecario, laboré seis años en ese colegio y allí formé el Club Amigos de la Biblioteca, antecedente de los círculos de lectura que coordiné en todo el país.
La lectura es mi pasión intelectual, así incursiono en el maravilloso imaginario de la literatura. Ser bibliotecario me ayuda en el diseño y formato de mis libros, como promotor cultural guío a los nuevos escritores en esa praxis vital para Panamá.
La Biblioteca Nacional, localizada en calle sexta, en los predios del Palacio de las Garzas me abre sus puertas desde mi niñez; vivía cerca de Salsipuedes. La biblioteca Eusebio A. Morales, frente al Legislativo, es también mi centro de lectura; conocí a Concha Peña y a Bonifacio Pereira, personajes de novelas.
El Instituto Nacional es mi hogar cívico, allí me quedaba en su biblioteca hasta que cerrara a las 7:00 p.m. Las bibliotecarias me conocían, me prestaban los libros y debía devolverlos muy temprano; nunca les fallé. Berta Cabezas, la esposa de Rogelio Sinán, luego me adopta como hijo putativo; me nutre con los libros que necesitaba; así conocí al extraordinario escritor de La Isla Mágica y al graduarme del Nido de Águilas trabajé en su librería El Estudiante.
Los estudios bibliotecarios en la Casa de Méndez Pereira me dan libre acceso al haber bibliográfico. Estudiaba, simultáneamente, las licenciaturas de geografía e historia, y la de bibliotecología. Además fundé la Renovación Estudiantil Universitaria (REU); era dirigente de la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP) y fui presidente de la Unión de Estudiantes Universitarios (UEU).
Al graduarme de profesor de geografía e historia, me nombran en el Colegio Ángel María Herrera, me faltaba un año para terminar mis estudios de bibliotecología. Veinte años después mis amigos bibliotecarios me matriculan y me gradúo como bibliotecólogo. Algunos de los catedráticos eran mis compañeros de estudios en las décadas de 50 y 60.
Aristides Royo me invita a participar en la comisión para edificar la biblioteca en el parque Omar y luego Rosa María Britton me incluye entre los asesores de la Fundación Biblioteca Nacional.
Ser bibliotecario significa que eres una persona que ama los libros, que eres un humanista. Jorge Luis Borges fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina, era un bibliotecario. Los mejores escritores, en distintas latitudes, son distinguidos para presidir esos centros que protegen el patrimonio documental de las naciones.
El bibliotecólogo es el técnico, el que clasifica y cataloga los libros, el que atiende los servicios bibliotecarios, debe ser un profesional.
En los 75 años de fundación de la Biblioteca Nacional, entidad que atesora la memoria histórica de la nación, declaro con orgullo que soy bibliotecario.
El autor es escritor