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Bibliotecas, comunidad y política

Uno de los ejes temáticos del XVII Congreso Latinoamericano para el Desarrollo de la Lectura y la Escritura 2023 (Conles) será las bibliotecas, literatura, enseñanza comunitaria y promoción de la lectura. La relación entre estas palabras nos lleva a pensar en la función de la gestión cultural y en las políticas de lectura que hacen que estas nociones se articulen desde sus distintos escenarios. Una escena de lectura, según Gustavo Bombini, es la unidad de práctica de intervención y de análisis que se define como un evento de cultura escrita (de oralidad, de lectura, de escritura) situada en un contexto institucional y sociocultural determinado y llevado adelante por diversidad de sujetos posibles.

Cada vez que generamos una acción de lectura desde la gestión cultural tenemos la oportunidad de rediseñar y resignificar el modo de operar de cualquier espacio, proyecto o programa; construimos escenarios a favor de la lectura. Las bibliotecas son escenarios para el fomento de la lectura, pero también son espacios donde la importancia de la gestión cultural cobra sentido. Uno de los desafíos de la gestión cultural desde la lectura es crear flujos que permitan realizar un movimiento cultural que aborde temas transversales que ayuden a tener un país más democrático.

La vida cultural de una comunidad depende, la mayoría de las veces, de las acciones que los gestores culturales realizan para dinamizar los espacios de convivencia. Cuando pensamos en actividades culturales desde la lectura podemos asegurar que se crean ambientes favorables para ejercer los derechos ciudadanos, fomentar la interculturalidad y construir ciudadanía.

Las bibliotecas son instituciones donde la enseñanza comunitaria va más allá de la mera búsqueda de información. Las bibliotecas pueden ayudar a trabajar la inclusión social desde programas que integren a la comunidad y por eso son importantes para orientar discusiones que sirven para que la población pueda tomar mejores decisiones.

Las bibliotecas ayudan en la construcción de ciudadanía porque fomentan el diálogo entre las personas y esto permite confrontar los problemas sociales que afectan a la comunidad y obstaculizan el desarrollo de los derechos de la ciudadanía. Cuando la comunidad reflexiona sobre su problemática se generan ideas. Es por eso que, a los malos políticos, esos que no quieren que prospere la valoración de las ideas porque son peligrosas para ellos, no destinan recursos para bibliotecas y suelen apoderarse de sus espacios para convertirlos en cuartel de politiquería.

Las bibliotecas, como escenario de lectura, fomentan la diversidad. No solo la diversidad de identidades y de culturas; también la diversidad de ideas y de pensamiento. Todos los cruces de las narrativas de la otredad tienen su asamblea en las bibliotecas. La comunidad reflexiona sobre sus valores identitarios y comulga con otras identidades del contexto.

La biblioteca fomenta los sentidos de pertenencia, cooperación y solidaridad, por eso son instituciones democráticas que generan protección y cuidado. Son espacios poéticos que cuidan el pensamiento; solidarias en sí mismas, son capaces de tejer y reparar; reconstruyen porque nos acompañan en procesos de articulación que son importantes en estos momentos en que la sociedad demanda justicia y defensa de la vida.

La biblioteca, como infraestructura social, es decir, como recinto de convivencia, favorece la inclusión, la diversidad y la equidad. Es la casa del pueblo. Las bibliotecas son espacios acogedores, porque brindan seguridad y protección. Son lugares para la convivencia porque son tolerantes, empáticas; la biblioteca no pone etiquetas y proporciona bienestar que favorece la salud mental y espiritual.

¿Por qué hemos abandonado nuestras bibliotecas? ¿Por qué, teniendo un espacio relevante en la sociedad, están cada día más olvidadas? ¿Por qué, en el contexto de las nuevas crisis, siendo agentes de cambio, no son visibilizadas como instituciones que pueden mejorar la calidad de vida?

La poca preocupación por la lectura no ha permitido valorar la contribución y el impacto social de las bibliotecas. No hemos logrado articular y dinamizar correctamente los planes de lectura, que los hay. Su sostenibilidad depende de la articulación de los planes de lectura, de la toma de decisiones políticas que ayuden a lo que se ha llamado la territorialización de las estrategias nacionales de lectura. En pocas palabras, hemos sido huérfanos de voluntad política para con las bibliotecas.

En el marco de las elecciones del 2023, vamos a volver a escuchar las propuestas en torno a la educación y la cultura de los candidatos. Sus asesores, que los ayudan a elaborar sus planes y discursos, seguramente no tienen en mente palabras como cultura, lectura, escritura, oralidad, libro y biblioteca, porque para ellos no son importantes; sin embargo, en la generación de proyectos democráticos y horizontales de participación ciudadana, en que todas las personas pueden aportar ideas y acciones, son estas las palabras clave para una verdadera política de educación y cultura.

El autor es escritor


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