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Bolívar y el concepto de anfictionía

Bolívar y el concepto de anfictionía

El término anfictionía proviene del griego amphiktyonía, que significa “asociación entre vecinos”. Originalmente, las anfictionías eran ligas o asociaciones de tribus griegas vecinas convocadas para resolver conflictos y gestionar asuntos de interés mutuo.

En consecuencia, el concepto de anfictionía propuesto por el libertador Simón Bolívar en 1826 tuvo también ese noble objetivo: crear una confederación de repúblicas hispanoamericanas para garantizar, de manera mutua, la defensa de la soberanía y la paz de nuestras naciones. Aunque este proyecto de unificación continental de Bolívar no logró concretarse en aquel momento debido a los desacuerdos entre los gobiernos participantes, no menos cierto es que dicha idea ha sido siempre parte del sueño, o de las utopías recurrentes, de nuestras naciones.

Con la atinada decisión del gobierno panameño actual de intentar rescatar el papel histórico de Panamá como centro de diálogo y de concertación en Latinoamérica, en virtud de la conmemoración, en este mes de junio, de los 200 años del Congreso Anfictiónico de Panamá convocado por Bolívar, el concepto de anfictionía ha vuelto a adquirir un nuevo significado en la política exterior panameña.

Cierto es que a Bolívar le tocó observar a su alrededor los mismos celos y la misma inmadurez política por el deseo de poder, o por la supeditación o sumisión al querer de los poderosos, que todavía persisten en nuestros días. Tal parece que los pueblos de Latinoamérica, bajo el liderazgo de nuestros gobernantes, aún no se han atrevido a bajar al genio de su pedestal para comprender su obra con un sentido práctico de vigencia hoy.

De Bolívar, en el plano histórico, casi todo se ha dicho. Se ha escrito sobre su obra y se sigue contemplando al Bolívar todavía convertido en estatua, cuya grandeza no terminó al morir en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Muy por el contrario, es cuando realmente empieza. Desde el preciso momento en que la humanidad se empezó a dar cuenta de que Bolívar no es quien se equivoca al pretender dar una dimensión universal a nuestro destino de Patria Grande. Por el contrario, cuando se reconoce que hemos sido nosotros, afligidos de estrechez de miras, los que hemos perdido el sentido del rumbo que Bolívar nos trazara. Ciertamente, debemos aceptar que la deficiencia es nuestra y no de él. La grandeza nunca puede ser culpable.

Es por ello que resulta alentador, desde todo punto de vista, que Panamá, del 22 al 24 de junio próximo, en atención a que nuestro país será sede de la 56.ª Asamblea General de la OEA, haya decidido con buen tino reafirmar el valor ancestral de Panamá como punto de encuentro, o el espacio idóneo, para renovar el diálogo hemisférico y reafirmar el valor de la cooperación entre sus miembros. Bajo el lema “América unida en defensa del Congreso Anfictiónico de Panamá”, dicho encuentro constituye, a primera vista, una invitación a todo el hemisferio a reencontrarse con sus principios, o su razón de ser original, en defensa de la democracia, la seguridad hemisférica, el respeto a la soberanía y la estabilidad e independencia de los Estados miembros.

En otras palabras, es la oportunidad de oro para replantear como consigna en todos nuestros países el concepto de multilateralismo, bien entendido y sin la grave distorsión de que ha sido víctima recientemente, cuando el 5 de marzo pasado los ministros de seguridad de 17 países del continente americano —incluido Panamá—, convocados por Trump, firmaron —ingenuamente— una declaración conjunta, supuestamente tendiente a fortalecer la protección del hemisferio occidental en contra del narcoterrorismo, que fue denominada “Escudo de las Américas”. No obstante, Trump, con su política de unilateralismo tóxico, hábilmente se encargó de desvirtuarla a su favor, capitalizando dichos objetivos hacia su engrandecimiento y liderazgo personal como presidente de Estados Unidos.

En esta particular oportunidad en que nos toca ser anfitriones, es menester que el presidente Mulino, la Cancillería y el gobierno panameño en su conjunto estén claros en que el multilateralismo que debemos buscar no es tomar partido en un conflicto armado en favor de alguien, sino defender nuestros intereses soberanos ante la intimidación de quienes, como es el caso evidente de Trump, andan por allí vociferando ante los medios que el Canal es de ellos, que lo compraron por un dólar, que lo pretenden retomar e, incluso, que es su favorito.

Ante esta patética e irreverente forma de autoritarismo, puesta de manifiesto abiertamente por parte del actual presidente de Estados Unidos y de su gobierno con respecto a nuestros países de América Latina, resulta fundamental que tanto Panamá como los demás países de la región eviten convertirse en blanco de los enemigos de quienes nos hacen parecer parte de sus coaliciones.

Fortalezcamos, de una vez por todas, nuestro vínculo con la solidaridad continental, ajustando nuestra conducta hacia soluciones concretas que hoy, al igual que en el pasado, requieren de una mentalidad y postura de estadistas frente a la persistente falta de identidad cultural, de unidad y, sobre todo, del conocimiento real y profundo del pensamiento de Simón Bolívar.

El autor es escritor y pintor.