¿En qué se parecen un cajero automático y la Asamblea? Aparentemente, en todo. La principal tarea de ambos parece ser dar dinero solo a ciertas personas identificadas en su sistema. Pero quizá sí haya una diferencia y esta es inmensa: un cajero suele dar dinero a un tarjetahabiente por razones legítimas; mientras, en la Asamblea, parece estar sucediendo lo contrario. Veamos.
¿Cómo se compone la planilla institucional (por supuesto, la que es visible a través de alguno de los nodos de trasparencia y no a la 002, 080 ó 172) de la Asamblea? De acuerdo con esa nómina (actualizada al 16 de agosto), hay 4,043 personas empleadas y el 32% son “asistentes” (técnico, administrativo, de auditoría...). Así figura no solo la diputada suplente Walkiria Chandler, sino también los otros 65 (hay que recordar que hay cinco diputados que no tienen suplente). Si hay un fallo de la Corte que indica que los suplentes sólo pueden cobrar cuando trabajan, entonces, ¿están en desacato? Al respecto, ¿ha dicho algo el contralor? Cada uno de los suplentes recibe un salario de $2,000 al mes como “asistente técnico parlamentario”, que es su supuesto cargo. Pero, como dijo Orwell, “todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”, así que Rupilio Ábrego, el suplente de Benicio Robinson, es la excepción: gana $3 mil como “asesor”. Por cierto, uno de los emplanillados es un tal “Benisio Robinson” (escrito con “s” y nacido en la provincia de Panamá, no en Bocas del Toro), quien ingresó a la Asamblea en 2008 y actualmente se desempeña como “asistente administrativo”, recibiendo un salario mensual de $3,500. Con semejante cantidad de asistentes, no tienen ni que ponerse los zapatos, ya que tendrán un asistente que se los coloca, otro que los amarra, otro que les sube el pantalón, otro que les abotona la camisa, otro que les sirve el queso… y todavía sobrarían asistentes.
Aunque viven metiendo la pata, tienen 364 “asesores”. Si estuvieran bien asesorados, ya les habrían dicho que sacaran de ahí a varios exdiputados —como Franz Wever, Miguel Salas— que ejercen como tal. El que más gana es Darinel Espino: $5,500 al mes. Otra prueba de que esto es una planta embotelladora es la cantidad de choferes: 203. Ni siquiera designando uno a cada principal, suplente y querida, se necesitarían tantos.
También resulta llamativo que haya cinco “ujier” ganando entre $1,800 a $3,000, aunque nada parece haber en cuanto a este cargo en el “reglamento de administración de recursos humanos” de la Asamblea. Si la RAE lo define como “un empleado subalterno que tiene a su cargo la práctica de ciertas diligencias en la tramitación de los asuntos y algunas veces cuida del orden y mantenimiento de los estrados”, ¿por qué les están pagando como a un jefe de departamento de una institución? ¿Por llevar y traer papeles?
Si así está la planilla que está disponible, ¿cómo serán las secretas? Por cosas como esta es que no hay contención de gasto que valga. Y pensar que ellos son los que quitan y otorgan el dinero a las demás entidades, en las sustentaciones de traslados y vistas presupuestarias. En lugar de ejercer su principal función constitucional, han convertido la Comisión de Presupuesto y el “cuartito” en una virtual cámara de tortura legislativa, en donde se hace lo que ellos quieren y, si no, impiden el desempeño de las otras instituciones del Estado. Después nos sonrojamos cuando los escuchamos decir “¿qué hay pa’ mí?”

