El que piense que en Panamá no hay gente valiente, se equivoca. Hay que tener genes de acero para intentar engatusar a la gente con la supuesta urgencia de un desfile de navidad y, con esa excusa, hacer una millonaria contratación directa con Festieventos, el contratista recurrente de celebraciones que, sin importar su nivel de relevancia -o de irrelevancia-, tienen un factor en común: se facturan por el orden de las siete cifras o más.
El aparente debut de esta empresa se dio en la toma de posesión de Ricardo Martinelli, el 1 de julio de 2009: recibió $587 mil 632 para decorar la iglesia del Carmen para una misa, el teatro Anayansi para la juramentación y el teatro La Huaca para el saludo protocolar de las delegaciones, así como el banquete a los jefes de Estado y delegaciones extranjeras invitadas.
A partir de entonces dejó ver su inmensa vocación de resolver “urgencias”. Entre 2011 y 2013, llegó a acumular contratos por $30.2 millones, siendo el más cuantioso el que recibió por la Cumbre Iberoamericana en Playa Bonita, por $8 millones. La lista continuó con las tarimas instaladas en la cinta costera y en Metro Park, con motivo de la JMJ de 2019, por $12.4 millones (no se restriegue los ojos; usted leyó bien).
Ese contrato le fue adjudicado en consorcio con Magic Dreams y Contraseña; esta última es nada menos que la que, por la módica suma de $2.9 millones, se encargará de las luces de los 33 sitios del multimillonario plan navideño de la alcaldía capitalina.
Actualmente, Festieventos (con Magic Dreams) realiza el montaje de la Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies de Flora y Fauna Silvestre Amenazadas, que se lleva a cabo en Amador, por $4.9 millones. Parece que aquí lo único que no han pensado encomendar a Festieventos es la reparación de los cráteres de las calles y la recolección de la basura.
La lista de valientes no termina ahí. La vicealcaldesa Judy Meana tuvo el coraje de pedir, en una entrevista en Telemetro, que no se “metan” con la Navidad de los niños, en un intento de estigmatizar a los ciudadanos que ejerzan su derecho de cuestionar las contrataciones con fondos públicos, como si fueran émulos del Grinch. Y, ¿por dónde va a pasar el desfile? ¿Por una de las pocas calles que quedan aún sin huecos? ¿Y la covid-19? ¿El alcalde va a suspender la anunciada sexta ola con un decreto municipal?
Pero no hay crimen perfecto. El acuerdo municipal que autorizó al alcalde a contratar a Festieventos por $2.8 millones está fechado el 27 de septiembre de 2022. Pero -¡sorpresa!- resulta que la cotización de la empresa tiene fecha del 8 de octubre, es decir once días después. Es que hasta para hacer trampa, hay que ser inteligente. Y no se dejen marear por el olor a pino, propio de la temporada, porque un día de estos nos volverá a llegar el aroma de la nueva pescadería glorificada del alcalde, otro asunto tan innecesario y desproporcionado como el desfile navideño. ¿Qué hace la Alcaldía por mejorar el bienestar de los residentes del distrito? Pensándolo bien, si cerraran la Alcaldía por un año, lo único que faltaría son las placas vehiculares. Y ni eso, porque ya no las hacen.

