El presupuesto de la Asamblea Nacional es como una mentira mal contada. El del año pasado arrancó con $107 millones y cerró en casi $200.9 millones. Este año, el cuento empezó en $143 millones y, en octubre pasado, ya iba por $224.9 millones. Es decir que en 10 meses (enero no cuenta, porque la ley que dicta el presupuesto del Estado no permite modificaciones antes de febrero), le inyectaron $81.9 millones.
Y eso que en julio -en plena ola de protestas ciudadanas por la corrupción y el alto costo de la vida- pusieron en marcha un supuesto plan de contención con el que presuntamente se congelaba (más no se reducía) la planilla y se suspendían los aumentos salariales, los nombramientos permanentes, los viáticos y los viajes al exterior.
La realidad es que $9 de cada $10 se va en gastos de funcionamiento. Pero, ¿qué “funcionamiento” puede haber en la única entidad del Estado en la que sus principales funcionarios laboran de lunes a jueves, ocho meses al año? Y da lo mismo que vayan a no: nadie descuenta nada, así que sesionen o no, sigue engordando la billetera de cada uno de los diputados. A eso hay que sumar la tanda de asuetos (carnavales, Semana Santa, fiestas patrias, Navidad, año nuevo), en las que desaparecen, como ocurre ahora. En todo el mes de noviembre, con el pleno legislativo “en receso”, solo hay constancia de que sus señorías se han reunido en tres ocasiones: dos en la Comisión de Presupuesto, para avalar traslados de partida, y una en la de Gobierno, para discutir modificaciones al Código Electoral. Es decir, tres sesiones para atender asuntos que sirven a sus oscuros intereses.
Crispiano Adames, después que se revelara el incremento exorbitante del presupuesto del Legislativo, afirmó airadamente que “eso no es cierto”. Se lo dijo al periodista Félix Chávez, de Eco Tv, después que este le preguntara a qué se debía el aumento. Adames no aportó mayores explicaciones y simplemente le dijo a Chávez, en tono molesto, que debía “remitirse a los informes que tiene la Comisión de Presupuesto, que están claramente determinados y que no corresponden a lo que usted está diciendo”. Después se sacudió (al periodista y al tema), más rápido que un perro mojado. Pero resulta que la información que sustenta los números divulgados por los medios de comunicación, fue preparada por el Departamento de Presupuesto de la Dirección General de Administración y Finanzas, de la propia Asamblea. Así que ahora no sabemos qué es peor: que nos mienta el diputado presidente o que nos mienta la dirección administrativa del “primer órgano del Estado”, pero uno de los dos se ha equivocado (no es difícil adivinar quién).
Para el próximo año, la AN pedía $206.8 millones y al final, tendrá $150 millones. Poco importa: si los diputados repiten la hazaña de este año, terminarán derrochando mucho más de lo que solicitaban originalmente, para luego molestarse cuando los periodistas informan sobre eso. Y todavía nos miran como si fuesen unos salvadores o tuviéramos que darles las gracias por el honor de ocupar una curul.

