El voto de un ciudadano no vale más que el de otro. Por ello, es lógico que votar más de una vez en una misma elección sea un delito electoral contra la honradez del sufragio. Bueno, al menos hasta ahora, porque en la última reforma electoral, los diputados eliminaron subrepticiamente el doble voto del catálogo de delitos electorales. Ese es nada menos que el delito electoral más denunciado de las elecciones de 2019. Si el Tribunal Electoral no presenta un proyecto de ley para restablecer ese delito, tal vez nos habríamos dado cuenta de su desaparición demasiado tarde.
Y ese borrón no fue accidental. Antes, el artículo 471 del Código Electoral, en su numeral 4, lo sancionaba con pena de seis meses a tres años de prisión y la suspensión de los derechos ciudadanos e inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por uno a tres años. Pero cuando el proyecto de reformas electorales fue discutido y aprobado en primer debate por la comisión legislativa de Gobierno -entonces presidida por el perredista Víctor Castillo- ¡zas!, fue eliminado. Aparentemente, ya ni siquiera será una falta electoral o administrativa. Al final del proyecto de reforma aprobado, en un solo artículo se indican (solo por sus números) 90 disposiciones que se modifican, 110 que se adicionan, 38 que se derogan y 39 que se “subrogan”, entre ellas el antiguo artículo 471 del Código Electoral, lo que lo convierte en el equivalente jurídico de la aguja en un pajar, sin que haya nada que indique qué sucedió con el doble voto ni por qué sucedió.
Pero ese no es el único entuerto que el Tribunal Electoral intenta ahora enderezar. También urge que se elimine la norma que hace obligatoria “la digitalización e inmediata publicación luego de su conteo”, de todas las papeletas que son escrutadas. Si se aplica esa disposición en las próximas elecciones, el Estado debería proveer -según cálculos del TE- una partida de $50 millones, “comprometiendo aún más el presupuesto del Estado”. Probablemente esa tarea se pueda hacer hasta con $5 millones, pero en un entorno tan burocrático y de prioridades trastocadas como el nuestro, es poco probable que alguien vaya a proporcionar todo lo necesario para escanear cada papeleta y procesarla dentro de ese sistema. Y menos si todo tiene que estar listo para las elecciones que se celebran en año y medio. Implementar este tipo de iniciativas (que hasta podría parecer una buena idea…) en forma inoportuna o apresurada, es lo que ocasiona desastres como los ocurridos con otros proyectos tecnológicos y la mejor prueba de ello es la app de recolección de firmas electrónicas a favor de los precandidatos por la libre postulación.
