Hoy es domingo de carnaval. Como ha sucedido durante casi toda la era republicana -hasta que nos golpeara la covid-19-, esta es una temporada en la que los panameños dejan atrás la rutina para cambiar de ambiente por cuatro días. Y aunque miles parrandearán con desenfreno, la mayoría de ellos seguramente ignora por qué celebra el carnaval (como sucede con las fiestas patrias). Muchos simplemente lo hacen porque es una fiesta que está ahí y ofrece varios días libres. Otros, sin embargo, cometerán algún pecado que, con actitud circunspecta y cara de compungidos, podrán expiar a partir del miércoles de cenizas… Pero, en el bizarro mundo paralelo en el que se encuentra la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), la historia es asombrosamente distinta.
Cualquier extranjero que haya dado una ojeada al sitio atp.gob.pa, que debería ser la vitrina digital que ofrece al resto del mundo buenas razones para visitar nuestro país, no hay una sola alusión a la festividad. Lo mismo ocurrió en sus cuentas en redes sociales, donde hasta ayer a mediodía no había nada sobre la coronación de Anubis en la capital, ni los primeros eventos del carnaval en el interior. Sin embargo, a pesar del fúnebre ambiente que proyecta la entidad gubernamental que, según ellos mismos, está “velando por la promoción de Panamá a nivel mundial”, hace dos días allí hicieron su topón los contratistas del carnaval. Y es que, aunque la ATP estaba autorizada desde el 19 de diciembre pasado (hace dos meses) para organizar el carnaval capitalino, las contrataciones no estuvieron en orden, sino hasta anteayer. ¿Por qué? Resulta que el mismo viernes de carnaval, la Dirección General de Contrataciones Públicas aprobó la contratación de Imperio Plus, la empresa encargada del diseño y confección del ajuar, las carrozas, el trono de la reina y sus dos princesas y el vestuario de 25 bailarines, por $266,430. ¿Se puede confeccionar el traje de una reina en una tarde? Lo único que demuestra esto es que ese contrato se otorgaría de todos modos y que lo poco o mucho que hizo el contratista, lo tenía preparado hace algún tiempo. Pero se dejó que el tiempo transcurriera para que la contratación fuera irreversible -e impresentable- como suele suceder tantas veces en Panamá. De la cantidad que se pagará a Imperio Plus, $30 mil son para el trono de la reina (que es un gasto independiente del de la tarima principal y aparentemente con otro contratista); cada carro alegórico costará $25 mil. También hay un pago de $2,500 para una “chaperona”, al mejor estilo de la nobleza europea del siglo XIX, y $6,500 para tres maquillistas y tres estilistas. Hace dos días también se autorizó el acuerdo con Niko’s Café, que por $145,520 se encargará del suministro de 26 mil comidas para los agentes de los “estamentos de seguridad” y de 2,700 boquitas para los invitados VIP y los miembros de la prensa. Estas son las dos únicas contrataciones que, hasta ayer, aparecían en Panamá Compra, a las que hay que sumar los $210 mil que se le pagaría a una sociedad suspendida para promover el carnaval. Ahora no estamos seguros si lo que estaba suspendida era la sociedad o la promoción del carnaval... Como el presupuesto autorizado para organizar los carnavales capitalinos es de $1.5 millones, todavía hay $878 mil que no se sabe dónde irán a parar, aunque quizá intentarán justificarlos con artistas, tarima, luces, cisternas… o con el alquiler de los baños portátiles que ponen detrás del parador que dice “Panamá”, para darle contexto al trabajo de promoción turística que realizan.
¿No es esta una muestra de evidente negligencia por parte de una institución que debía estar dejando el pellejo sobre el asfalto, para revivir el maltrecho flujo de turistas a nuestro país? Si a la ATP le toca organizar el carnaval de 2024, ¿por qué no se pone las pilas desde ya o le dice al Ejecutivo que le dé un mejor uso a ese dinero? Total, si esa “autoridad” no quisiera promocionar el carnaval del año entrante, no tendría que hacer nada distinto a lo que hizo este año. En cambio, habrá una comparsa de políticos que se desvivirán por inundarnos con sus jingles sobre gurúes y demás basura publicitaria.


