El alcalde del distrito de Panamá se ha constituido en el archienemigo de las finanzas municipales. Su fijación con el despilfarro, tratando siempre de utilizar la cinta costera como marco de sus disparates, lo ha llevado a proponer la adecuación de una playa artificial en la bahía, un mercado del marisco y, en la última semana, un centro cultural y un desfile de reinas.
En casi cuatro años de gestión, este funcionario -que no funciona- no ha hecho nada constructivo para atender verdaderos problemas de la capital (como contaminación visual, ruido ensordecedor, espacios públicos abandonados, orates…). Como si fuera poco, aspira a reelegirse y, en pleno año preelectoral, se dispone a repartir medio millón de dólares en bonos. Y no hay que ser un genio para imaginar con qué criterios serán distribuidos. ¿Algo en la Constitución o en alguna ley le atribuyó al alcalde la función de repartir bonos? ¿O es que cualquiera que esté al frente de una institución pública puede regalar plata del Estado? ¿No sería una extralimitación de funciones? Si no, mañana el presidente de la Asamblea o el director del Sistema Penitenciario también podrían repartir bonos.
¿Así funciona? El alcalde dice que él ya repartió bonos en otras ocasiones. Ese reconocimiento solo empeora el asunto. ¿Alguien recuerda dónde estaba este ícono de la ineficacia, cuando miles de residentes confinados en la capital sí lo necesitaban, en la etapa inicial de la pandemia? ¡Ah!, estaba con su patito de hule en una playa, lejos de la ciudad y de sus responsabilidades, burlándose de las restricciones sanitarias vigentes en aquella época. Y ahora, faltando un año para las elecciones, quiere hacerse el empático… Mejor será que tome sus juguetes y regrese a la playa a construir castillos de arena que sólo ilustren su retorcida gestión.
Hoy, último día de las vacaciones escolares, decidió beneficiar a los niños y jóvenes cerrando la cinta costera, para hacer el desfile de las reinas de unas fiestas que oficialmente terminaron hace 11 días. Y de paso, malbaratará $500 mil (el mismo monto que los bonos). Además, con esta iniciativa perjudicó a los establecimientos del Casco Viejo, que aún no se recuperan del golpe de los cuatro días de carnaval en la cinta costera. A menudo parece que este señor está empeñado en perjudicar a los demás. ¿Acaso su materia gris está tan en desuso, que no le permite idear algún proyecto útil para la ciudad de Panamá? Ni hablar del “centro cultural” en la plaza de Los Poetas, en El Chorrillo, que costará $3.8 millones. Ni siquiera ha sido capaz de gestionar debidamente Mi Pueblito y Mi Pueblito Afroantillano, donde cada vez que llega una empollerada a tomarse una foto, tiene que pagarle a media humanidad. Por supuesto que este centro cultural deberá entregarse en un plazo de 365 días, lo que cronológicamente le permitirá cortar la cinta inaugural de la obra. Parece que su interés se reduce a una sola cosa: el beneficio particular.
Durante su campaña, este señor se autodenominó el “tanque de gas”. Bueno, la Real Academia indica que gases son aquellos “que se producen en el aparato digestivo. Ahora, imagínense todo un tanque lleno de ellos…

