Hay postulados científicos que son fácilmente aplicables a la vida política. Uno de ellos es el que rechaza la posibilidad de que dos cosas ocupen el mismo espacio a la vez; extrapolándolo, es improbable que las afirmaciones de dos políticos que se contradicen, sean verdades al mismo tiempo.
Hace dos semanas, el diputado presidente y precandidato presidencial del PRD, Crispiano Adames, denunció que el Ejecutivo todavía no había depositado los fondos del presupuesto asignados a la Asamblea Nacional para el año 2023, “porque el gobierno no ha querido darlo para manipular electoralmente la propuesta que ellos consideran que no debería estar y favorecer a la propuesta que ellos consideran que debería estar”.
Así lo dijo en el periodo de incidencias, ante el pleno legislativo. La afectación aparentemente ocasionada con la decisión del Ejecutivo sería tremenda, porque varios diputados advirtieron que el personal asignado a sus despachos no había cobrado salario en todo el año, a pesar de que puntualmente acudía a la oficina y marcaban tarjeta (seguramente se referían a los que sí trabajan, y no a aquellos disfrazados de “promotores” deportivos o culturales, zambullidos en las planillas 002 y 180).
Ya los reporteros de los noticiarios matutinos se preparaban para cubrir el cierre de calles que esos funcionarios harían en cualquier momento para exigir el pago de su sueldo, cuando, de repente, la Presidencia de la República envió un comunicado en el que negó haber retenido dinero alguno, señalando, además, que la Asamblea ya ejecutó el 68% del presupuesto de funcionamiento asignado. Y, de paso, así nos enteramos que el “personal transitorio” de la planilla 002 tiene un presupuesto de $6.8 millones.
Y así esta se convirtió en una de esas insólitas situaciones tan típicas de nuestros gobiernos, en que o miente el presidente de la Asamblea o miente la Presidencia de la República o mienten los dos, pero es imposible que ambos estén diciendo la verdad.
Las comparaciones con las ciencias naturales no se limitan a la física. Hay situaciones que encajan perfectamente, por ejemplo, en la biología. Para este año, a la Asamblea se le asignó un presupuesto de $150 millones, casi todo para funcionamiento (eufemismo con el que denominan al pago de la planilla) y solo $11.6 millones para inversiones. Por supuesto, ellos pedían más: $56.8 millones adicionales, para ser exactos.
Pero en septiembre pasado, en el periodo de sustentaciones, Adames anunció que “acogía” el monto recomendado por el MEF, porque entendía que la “realidad de los macroindicadores” estaba incidiendo en la “realidad económica” del país.
Sin embargo, cuando se trata de la Asamblea, los presupuestos pueden ser como las mariposas, porque el del 2022 comenzó en un capullo de $143.9 millones pero, cuando esa oruga sacó sus alas tras todas las modificaciones y traslados de partidas, su monto terminó en $230.5 millones.
Aquel año, Adames también dijo que aceptaba de buen agrado el monto asignado y resultó que lo aumento 54%. Entonces, sería justo decir que, al menos en lo económico, los diputados se comportan como unos insectos.

