Todavía no se ha secado la tinta de la resolución en la que la Antai multó a La Prensa por publicar una foto de Benicio Robinson, cuando aquel se presentó en una gira política del vicepresidente de la República y precandidato presidencial del PRD, Gaby Carrizo, a la comarca Ngäbe Buglé. Supuestamente, Robinson no quiere que publiquen su foto. Pero hay personal de la campaña de Carrizo compartiendo fotos con él, con los medios de comunicación. Y el propio Robinson anda divulgado en sus redes sociales las imágenes de ese recorrido. Entonces, ¿qué hay de malo en la publicación que hizo La Prensa? Sencillamente, estamos ante un diputado con una cuota de poder, que la utiliza contra un medio de comunicación, porque no usa la foto que él quiere. Así mismo será la realidad de las cosas que promete en el circuito electoral que ha representado por casi 40 años, una de las regiones mas pauperizadas del país. ¿Dónde están esos altos niveles de desarrollo, esa red vial, esas líneas de transmisión eléctrica, esa agua potable, esas escuelas con maestros? No hay nada de eso, porque dice una cosa y hace otra. Y es lo que ha sucedido ahora. Al final, no es que le importe o no que publiquen su foto. Lo que le importa es que su imagen sea asociada con su lado oscuro.
Y si hablamos de diputados que se caracterizan por decir una cosa y hacer otra, ahí no puede faltar Zulay Rodríguez. Tratando de justificar por qué no había sido notificada de la demanda en su contra por la supuesta apropiación de unos lingotes de oro, sostiene que estaba en el interior buscando firmas a favor de su candidatura por la libre postulación. Ella asegura que no estaba evadiendo al personal del Órgano Judicial, pero lo cierto es que apenas la notificaron, apareció. Así que surtido ese trámite, milagrosamente ya da entrevistas y pasea con otras figuras del entorno político. Y para hacer su aparición triunfal, escogió nada menos que a Crispiano Adames. Sí, Crispiano, el mismo al que ella denunció por la supuesta comisión del delito contra la vida y la integridad personal. Los hechos se remontan al 30 de junio de 2014, cuando -según la diputada- Crispiano la amenazó e insultó en las oficinas del CEN del PRD. Ahí no acaba el asunto: ese mismo día, después de aquel incidente, la diputada se dirigió a una reunión de la bancada en el hotel Sheraton, donde -según consta en la denuncia- supuestamente fue golpeada por la suplente de Robinson. Crispiano tiene una versión muy distinta de lo ocurrido: sostiene que aquel día, en la oficina del CEN, la que profirió gritos y amenazas fue ella, así que él también presentó una denuncia, pero por calumnia e injuria, contra la diputada. O toda esa pelea fue un montaje o lo que es irreal son los bandos actuales. O bien puede ser que los principales operadores de Martinelli dentro del PRD están en un todos contra todos.
En otros lugares, los diputados son sujeto de interés informativo por la calidad de las leyes que proponen, por aliar esfuerzos en función de intereses de grupos mayoritarios de la población o hasta por la elocuencia de sus discursos. Pero aquí en Panamá, este es el nivel de los “honorables”. Son tan conscientes de la imagen que proyectan, que se ofenden hasta por la publicación de su propia foto.
