El panameño promedio no tiene conciencia política o tiene muy mala memoria. Y gracias a eso, se han llenado de poder algunos de los peores gobernantes de nuestra historia. Sin embargo, las cosas podrían estar cambiando. Aunque cueste trabajo creer que todavía hay gente con suficiente amor propio para decir con orgullo “robó pero hizo”, hay un número de ciudadanos que progresivamente está empezando a salir de ese escenario… Las últimas cifras aportadas por el Tribunal Electoral sobre la cantidad de personas inscritas en partidos políticos es una muestra de eso.
Desde que Ricardo Martinelli se convirtió en un “corrupto designado” por el gobierno estadounidense, su partido Realizando Metas (RM) ha perdido adherentes de manera sostenida. Anda cuesta abajo. El 3 de febrero pasado, el colectivo anunció que tenía 234,634 miembros. Desde entonces, ha bajado la cantidad de inscritos, a un promedio de 300 personas por semana. Ahora tiene 230,625 inscritos. Que una cantidad de personas deje de seguir a un elemento como este en circunstancias como las de una designación por actos de corrupción o por el retorno a su entorno familiar de miembros que han identificado a su propio padre como cabecilla de actos ilegales, podría estar indicando que hasta en RM hay gente con conciencia y con memoria. Y parece que en el PRD también: a principios de febrero, el partido oficialista tenía 734,730 adherentes y ahora cuenta con 728,770. En el ínterin está la búsqueda de Gaby Carrizo de la candidatura presidencial del PRD en mayo de 2024.
De vuelta a RM, esta pérdida de inscritos podría ser el preámbulo de algo más. Si con aquella designación en enero pasado quedó patas arriba, imagínense qué pasaría si lo enlistan en algo más grave. Esa aura de invencible que se jactaba de tener se está rompiendo y hace rato que no le sale nada bien: a los hijos convictos se los expulsaron de Estados Unidos y a todos les quitaron la visa de ingreso a ese país; le redimen las acciones de Global Bank; Yanibel sigue sin poder tomar el control de CD; se avecinan los juicios de New Business y de Odebrecht; le archivan la demanda civil contra Kenia Porcell, y encima, ahora pierde seguidores. El encanto se está rompiendo.
Hay otros síntomas que dibujan ese desbalance químico político que tiene y es la emisión de un comercial político pagado, en el que clama que él es “el único independiente de verdad”. ¿Por qué hace un anuncio para decir algo que todo mundo sabe que no es cierto? ¿Ya no le queda más nada que decir? Probablemente estamos ante los últimos días del imperio de la locura: unas zapatillas viejas, unas mentiras desgastadas y causas pendientes con la justicia.
