Esta semana, el país entero ha visto cómo los príncipes trataron por todos los medios de que los juramentaran en el Parlacen. Aquí hay que preguntarse por qué sería tan importante su acceso a ese foro, más aún después del insólito papel jugado por Carlos Outten. ¿Cuándo un diputado estuvo tan desesperado por juramentar a su suplente? Si la única función del suplente es reemplazar al titular, ¿qué hará Outten ahora? Ya habilitó a su exconvicto favorito para que lo sustituya a partir de mañana. La vocación de mandadero puede llevar a hacer cosas extrañas.
Pero volvamos al planteamiento original. Si los príncipes están en Panamá desde hace siete meses, ¿por qué es ahora que ponen en marcha el operativo para ingresar al Parlacen, con tanto apuro? Es que si se hubiesen juramentado en enero pasado, cuando llegaron al país, seguramente alguien habría presentado algún recurso para impedir que la juez Marquínez perdiera la competencia para juzgarlos por los casos Blue Apple y Odebrecht, debido a su nueva investidura, y la Corte habría tenido tiempo suficiente para resolver ese dilema.
Pero ahora, a dos días del inicio del juicio de Blue Apple y a 38 del de Odebrecht, es inminente que ambas audiencias se celebrarán sin ellos. Por tanto, al producirse la declaratoria de la ruptura procesal, nadie podrá mencionarlos en el juicio de Odebrecht (que es el que realmente le preocupa al corrupto designado) ni invocar allí nada de lo ocurrido en la Corte de Brooklyn. O sea, algo parecido a lo sucedido en el juicio de New Business, hace unas semanas, cuando estaba prohibido referirse por su nombre a David Ochy, ya que gozaba de fuero penal electoral y no podía ser juzgado en aquel momento.
Entonces, parece que la excusa del Parlacen no sería más que el vehículo que los conducirá fuera del juicio de Odebrecht, para no coincidir en el banquillo con su padre. Después de todo, si en Estados Unidos hubo hasta un plan de fuga, ¿qué no habrían estado dispuestos a hacer en Panamá para que no se revele en el juicio aquello que confesaron en Nueva York? Precisamente, porque el padre no estaba presente ahí, pudieron admitir esas cosas.
Allá, con lágrimas en los ojos y en muy buen inglés, le dijeron al juez Richard Dearie que estaban arrepentidos y hasta pidieron disculpas al pueblo de Panamá. Dearie dijo que ambos le parecían unos “arrogantes”, pero ellos insistieron en que la raíz de su comportamiento delictivo era la presencia de su padre, a quien querían imitar y complacer. “Usted está mirando a dos niños pequeños muy asustados de un padre muy dominante”, dijo el abogado de uno de ellos al juez. “Nunca en mi vida me había sentido tan arrepentido”, clamó Luis Enrique. Hasta el capellán del penal de Brooklyn se comió ese cuento. Pero los hechos de esta semana continúan indicando que, mientras el papá esté detrás, jamás se les podrá creer nada.
Mientras tanto, en menos de un año, Cortizo también podrá juramentarse como parlamentario centroamericano, así que no piensen que ha considerado retirar a Panamá de esa cueva. “Decir que estoy analizando esto o que tengo un equipo analizando el tema del Parlacen sería mentir”, admitió sin recato. Así que, para tratar de descubrir una buena razón para que nuestro país permanezca atado a ese foro, habrá que esperar a que otro criminal pretenda refugiarse ahí.

