No es ningún secreto que uno de los mayores problemas de Panamá es la corrupción. Teniendo eso en cuenta, sería razonable concluir que difícilmente hay algo peor para el país que un corrupto con una cuota de poder. Algunas de las características más notorias del político corrupto son la carencia de una genuina vocación de servicio y la falta de preocupación por los problemas de nadie, salvo aquellos de su propio bolsillo. Pero bajo la gran carpa del circo político panameño, ha surgido un nuevo género artístico: el político ilusionista, que, además de corrupto, hace que las cosas aparezcan y desaparezcan a su antojo, sin importar los hechos que conozca el gran auditorio nacional. Justo lo que nos faltaba.
El periodista Eduardo Lim Yueng entrevistó esta semana a Ricardo Martinelli y, como era de esperarse, le preguntó acerca de la denuncia que presentó en el Tribunal Electoral contra Álvaro Alvarado, Claramente y Foco, por considerar que estos, a través de sus publicaciones en redes sociales, promueven una “campaña sucia” para afectar su desempeño en las encuestas de intención de voto. El entrevistado se apresuró a decir “¿yo puse una denuncia? Yo no la puse”. Lim Yueng, que no se iba a dejar cuentear así nada más, reaccionó preguntando quién había puesto la denuncia. “Mis abogados”, fue la respuesta del expresidente. Así, por arte de magia, las acciones que sus abogados presentaron en su nombre y representación, amparados en un poder que él les dio, no fueron promovidas por él. ¿Será esto un déjà vu? ¿No es eso lo mismo que pretende hacernos creer quien interviene las comunicaciones de otros (sin autorización judicial) y luego dice que no fue él, sino sus subalternos? ¿Es eso distinto a lo que hace aquel que envía al director de Ingresos del país a perseguir a personas y empresas, y luego dice que él no tiene nada que ver? ¿Acaso no suena parecido a lo que pasó con el que abanicaba a Yanibel Ábrego en las primarias de CD, acompañándola el mismo día de la elección y, cuando esta perdió estrepitosamente, dijo que nadie lo escuchó pedir el voto para ella? ¿Veremos pronto a esa misma persona pidiendo el voto de los crédulos e incautos, jurándoles que podría meter la pata, pero no la mano, para luego arrojar la culpa de todas las irregularidades sobre sus ministros y familiares cercanos? ¡Ah!, no, esperen… ¡Eso ya sucedió!
Y hablando de magia política y malos recuerdos, Martinelli sacó del sombrero a Mulino como compañero de fórmula. Y, aunque quizá genera tantas simpatías como un dolor de muelas, en Finmeccanica deben haber abierto su mejor prosecco, para brindar por la vuelta a los viejos tiempos. A propósito, en el evento de su presentación estaban Zulay, Ronny y Mayer Mizrachi y la mayoría de los diputados rebeldes de CD, quienes seguramente se habrán asegurado de besar suficientes pies para asegurar su postulación a la reelección bajo la bandera de RM. Solo faltaban Bolota y Benicio, y la antesala del Apocalipsis habría estado completa.

