En Panamá, ya ha habido periodos en que, además del Palacio de las Garzas, existió una segunda sede de gobierno. Cuando estaba Pérez Balladares (1994-1999), era Punta Barco. Con Moscoso (1999-2004), fue Punta Mala. Con Martinelli (2009-2014), habrá sido Twitter, desde cualquier bar que estuviera de moda. Y, de pronto, se avista La Alameda como una nueva sede alternativa. Antes, sin embargo, eran distintas locaciones, pero con el mismo presidente. Ahora, vemos cómo desde la ubicación de una misión diplomática extranjera, se comienza a fraguar el emplazamiento de una especie de gobierno paralelo al que será encabezado por el mandatario electo. Para muestra, un botón. Esta semana, Mulino presentó en conferencia de prensa a 14 de sus 17 ministros, y los ciudadanos tendríamos que haber estado muy atentos ya que, como él no tiene vicepresidente, si alguna vez falta o se ausenta de su cargo, uno de ellos ejercerá como ministro encargado de la Presidencia de la República. Pero ese mismo día y a esa misma hora, el “asilado” creyó que sería muy oportuno publicar una actualización de su lista de shopping: a su bancada de 14 diputados electos por RM y uno por Alianza, había sumado a los tránsfugas Nelson Jackson, del PRD, e Isaac Mosquera, del Molirena, para un total de 17 miembros. De paso, anunció que Camacho -todo un prócer de la patria- es su candidato para presidir la Asamblea y que Alaín Cedeño fue escogido como jefe de bancada. Así que ahora no solo no se conforma con ser un lavador convicto, sino que a ciencia y paciencia de todo el país muestra cómo se burlará de nuestra más básica institucionalidad.
Si usted aún tiene dudas, he aquí otra muestra del gobierno paralelo que se avecina. Mulino anunció que quiere reunirse con la bancada independiente, algo que, incluso, ya ha transmitido a Juan Diego Vásquez. Tres pinolillos después, Camacho -a sabiendas de que la reforma al reglamento interno de la Asamblea es una prioridad para Vásquez y la coalición Vamos- opinó que esa es “una discusión estéril” y una “estupidez”. Además, se refirió a un presunto “call center de Vamos”, algo que prontamente fue refutado por Vásquez: “esos se manejan desde la embajada”. Las provocaciones de Camacho no son más que un abierto boicot contra cualquier intento de Mulino de establecer una comunicación efectiva con Vamos u otra bancada que no sea la del PRD o la de CD. Ya sabemos cuál será su trabajo en esa Asamblea, por ahora: hacer lo necesario para impedir un entendimiento que haga posible la gobernabilidad.
Por cierto, una de las adquisiciones del lavador convicto es la de Isaac Mosquera, único diputado electo por el Molirena. Mosquera fue investigado por la presunta comisión de delitos relacionados con droga, razón por la que incluso estuvo un tiempo detenido preventivamente, aunque posteriormente fue absuelto. Hay cosas que Mulino no puede alegar que no sabe y esa debe ser una de ellas, porque adivinen: ¿quién era ministro de Seguridad en diciembre de 2011, cuando Mosquera se entregó? Es más, durante su gestión ministerial, en varias ocasiones señaló la penetración del narcotráfico en la política. ¿Acaso eso antes estaba mal y ahora está bien?

