¿Qué provoca a chicos a hacer daño, sin provocación alguna, a sus pares de una manera reiterada? ¿No valoran que cada persona tiene derecho a ser diferente?
El bullying suena fuerte en Panamá. Es la acción deliberada de acosar o agredir de manera continua, con impacto físico, psíquico o emocional en la víctima. ¿Qué oculta la conducta del agresor? Hay quienes agreden para demostrar poder o control; otros, producto de su entorno familiar. Hay casos en que las víctimas se convierten en victimarios.
En mi época escolar, viví de cerca el bullying verbal. Eran comunes los apodos para parodiar nombres o apellidos inusuales. Hoy, la situación es dramática, debido a la magnificación del acoso a través de la tecnología. El bullying cibernético maximiza el grado de afectación de las víctimas pues, son testigos de lo ocurrido los usuarios de las redes sociales, en las que llegan a ser virales episodios desafortunados de acoso. Una persona expuesta a una agresión semejante está en riesgo de quedar marcada para siempre.
Es ingenuo creer que el impacto del acoso cesa cuando finaliza la etapa escolar. Un episodio de segundos de duración tiene el potencial de dejar cicatrices permanentes. Las secuelas del bullying en las víctimas incluyen cuadros de depresión, inseguridad, ansiedad o, hasta poner en peligro sus vidas y las de otros. En el caso del agresor, puede caer en conductas antisociales e, incluso, delincuenciales.
¿Cómo enfrentar este reto como sociedad? En Jóvenes Unidos por la Educación, consideramos inaceptable el bullying y decidimos hacer algo al respecto con nuestro aliado, el Proyecto Escuela Segura. Creemos que la raíz del acoso y de la intolerancia puede ser combatida a través de una formación integral que promueva la tolerancia y el respeto a la diversidad.
Nuestro compromiso incluye la realización de encuentros con estudiantes, educadores y directivos.
El propósito es que, a través de experiencias lúdicas, concluyan espontáneamente que es injusto juzgar a una persona antes de conocerla; adquieran herramientas para estar en capacidad de identificar casos de bullying; de enfrentar en debida forma al agresor y comunicar lo que ocurre a sus padres y maestros.
Nuestro reto también es influir en los adultos -directivos, maestros y padres de familia- a fin de inculcar a los jóvenes que ser diferentes no los hace peores personas, sino, por el contrario, al hacer lo que piensan y sienten, están siendo auténticos. No nos engañemos. El bullying no es una broma. Es un enemigo real.
La autora es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación