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Cadena de suministros farmacéuticos: ¿dónde está el problema?

La salud debe ser entendida como un derecho humano fundamental. La salud de las personas depende de una multiplicidad de factores, entre ellos, los determinantes sociales, los hábitos personales de salud, la capacidad individual y los servicios de salud. El acceso a la atención de salud, incluidos los medicamentos esenciales seguros, eficaces y de calidad, es un requisito fundamental para hacer efectivo ese derecho fundamental de salud.

Si los medicamentos son un componente esencial en la atención de salud, es necesario valorar de forma integral la logística de la cadena de suministros de los medicamentos, de manera que se puedan implementar políticas farmacéuticas reales y efectivas.

Las cadenas de suministros de medicamentos son muy complejas. La logística inicia en los sitios de fabricación primaria, responsables de la producción del Ingrediente Farmacéutico Activo a partir de las materias primas obtenidas de diferentes fuentes. Seguidamente, los sitios de fabricación secundaria son los que se ocupan de tomar el Ingrediente Farmacéutico Activo producido en el sitio primario para llevarlo al proceso de fabricación por parte de los Titulares Autorizados para la Comercialización del mismo, quienes dependen de organizaciones contratistas para fabricar el medicamento. Una vez que se fabrica el medicamento, se libera el lote. Posteriormente, debe ser transportado desde el sitio de fabricación, almacenarse en el mayorista y distribuirse hasta el punto minorista final para la dispensación.

Estos procesos pueden dar lugar a problemas complejos de coordinación en la cadena de suministros de medicamentos. Para el año 2023, diversos estudios reportaron escasez de medicamentos a nivel mundial, en su mayoría por falta de ingredientes farmacéuticos activos para la fabricación. Como consecuencia de ello, se observaron demoras en las entregas. La escasez provocó importantes aumentos de precios de medicamentos en el mercado minorista.

En Panamá, el Ministerio de Salud ha autorizado, a la fecha actual, 3,521 registros sanitarios de medicamentos, 465 agencias distribuidoras de medicamentos y otros productos sanitarios, 1,406 farmacias y 39 laboratorios (solo 5 de ellos son de medicamentos). Se han importado B/.819 millones en medicamentos, lo que refleja un sector farmacéutico regulado y abastecido, con predominio en el sector privado respecto al sector estatal en cuanto a agencias de distribución y farmacias privadas. Esto significa que el acceso a medicamentos está directamente relacionado con la capacidad adquisitiva de la población.

En el sector estatal, para disponer de medicamentos se tiene que cumplir con una serie de procesos regulatorios (registros sanitarios, bioequivalencia, registros de oferentes, listas oficiales de medicamentos, listas no oficiales de medicamentos, fichas técnicas, homologación de fichas técnicas, entre otros), seguido de los procesos de adquisición a través de distintas leyes de compras, almacenamiento, distribución, para que finalmente el medicamento esté disponible en las instalaciones sanitarias para su prescripción y dispensación.

Las consecuencias de las limitaciones en el acceso a los medicamentos en el sector estatal se reflejan en los pacientes, en una sobrecarga laboral directa para los profesionales de la salud y en el sistema sanitario.

¿Cuál sería entonces el problema fundamental en cuanto a las limitaciones para el acceso a los medicamentos? ¿Se origina en el perfil epidemiológico? ¿En los protocolos de atención? ¿En la materia prima? ¿En los ingredientes farmacéuticos? ¿En los titulares autorizados? ¿En los registros sanitarios? ¿En los precios? ¿En las leyes para las compras? ¿En la logística de la importación? ¿En los sistemas de gestión? ¿En los determinantes sociales? En ambos sectores, el acceso a medicamentos es limitado.

Es necesario identificar, de manera integral, los componentes fundamentales de la cadena de suministros de medicamentos; mejorar la capacidad de producción de medicamentos y la logística de distribución en el país; respetar las normas que garanticen calidad, seguridad y eficacia; adoptar indicadores farmacéuticos en el sistema de gestión; implementar programas de uso racional y adherencia terapéutica; así como estrategias de prevención de escasez de medicamentos y gestión de riesgos en la cadena de suministros, para lograr un acceso equitativo y efectivo de los medicamentos para la atención de salud de las personas.

La autora es farmacéutica, salubrista, toxicóloga y docente de la Universidad de Panamá.


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