El clima de Beijing a finales de agosto no es el más propicio para tomarse un café; no obstante, no puedes desechar la idea cuando vas sorteando la capital–igualmente bucólica y ordenada–de China, a toda marcha para llegar al Café Show China, una de las principales vitrinas del mercado cafetalero en el gigante asiático.
Es difícil imaginarse ver sesenta mil metros cuadrados llenos de miles de personas ávidas por conocer y comprar café, en una nación donde el té es pieza fundamental de su identidad. Como panameño, esperaba ver al país brillar en dicha exhibición; por algo nos vanagloriamos sobre el Café Geisha panameño y los exorbitantes precios que alcanza en las subastas del Best of Panama, pero rápidamente mi patriotismo se convirtió en indignación: Panamá no tenía representación en el Café Show China.
La ausencia del sector privado, que tanto se jacta de vender un kilo de café Geisha en decenas de miles de dólares, pero más del gobierno nacional fue por lo mínimo, escandaloso. Tocó ver cómo otros actores han empezado a desplazarnos del mercado cafetero en la segunda economía más grande del mundo: desde los gigantes como Colombia, Brasil o Etiopía, hasta los más incipientes como México y El Salvador, todos tenían su espacio, aunque fuese un sencillo cubículo; incluso un país como Serbia, el otrora miembro de la antigua Yugoslavia que no produce un sólo grano de café, tenía su austero espacio con latas de café instantáneo rotuladas en caracteres cirílicos.
Mi molestia va en que, sufragamos con fondos públicos, una serie de secretarías y entidades de nombres diversos que supuestamente se encargan de promocionar a Panamá en el mundo, todo un viceministerio de comercio exterior, así como un ejército de agregados comerciales diseminados en cuatro legaciones diplomáticas panameñas en China (Beijing, Shanghai, Guangzhou y Hong Kong), y a ninguno de estos funcionarios se le ocurrió aunque sea poner un escritorio con 3 bolsas de café instantáneo de alguna marca nacional de consumo masivo, es indignante; más aún cuando el país requiere con urgencia atraer capitales del exterior.
Me sentí, tanto como panameño y como importador de café, decepcionado de la falta de visión que tiene el Ministerio de Comercio e Industrias, así como el Ministerio de Relaciones Exteriores, en la promoción de nuestro país y sus marcas en mercados de alto valor como China. Independientemente de las consideraciones ideológicas que nuestro gobierno pueda tener, no podemos entrar en la miopía comercial en la que el anterior gobierno cayó.
El futuro de nuestro sector cafetalero dependerá que nuestras marcas nacionales puedan salir y competir por su espacio en el mercado internacional, no sólo ser meros vendedores de materia prima y vivir en la poltronería de exportar productos sin valor agregado; el mercado es dinámico, y sólo sobrevive quien apuesta en adaptarse a los tiempos que cambian. Panamá debe diversificar su economía, y esta es una forma de hacerlo: no sólo vender café, sino llevar la experiencia del café de Panamá en cada grano.
El autor es especialista en geopolítica de Asia/Pacífico