Es conocida la riqueza hídrica de nuestro país. Con una extensión de 75 mil 520 km cuadrados, Panamá está rodeado de agua, al limitar con el mar Caribe y con el océano Pacífico. Además, por su clima tropical y las constantes precipitaciones pluviales, goza de ríos caudalosos, utilizados en actividades productivas y para consumo humano. Su uso alcanza la generación hidroeléctrica, el esclusaje, y sirve a las actividades agropecuarias, turismo recreativo, industrial y consumo doméstico.
Es importante evaluar el balance entre su disponibilidad natural y la calidad de servicio de suministro, tomando en cuenta su importancia para preservar la vida y elemento clave para el bienestar de la población. Según datos del Censo de Población y Vivienda en 2010, el 93% de la población, es decir más de 3 millones de personas, contaban con acceso a este recurso. Pero aún hay dificultades con la producción y distribución, la contaminación y el desmedido consumo, que afectan la calidad del servicio.
Las áreas comarcales y las provincias de Bocas del Toro y Darién muestran menor acceso al agua potable. Al evaluar por zonas, el 45.9% de población rural no contaba con las condiciones óptimas para el uso y consumo del agua. No obstante, esto se observa también en las zonas urbanas, aunque en menor escala (el 5.5% no goza del recurso).
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censo, en 2015 el consumo aumentó, pasando de 341.5 millones de m3 a 391.6 millones de m3, el 74% del agua fue consumida por clientes residenciales, seguido de clientes comerciales (16%) y el resto por clientes industriales y el gobierno. La población crece no solo por la tasa de natalidad, sino por los procesos migratorios y la actividad turística-comercial, pero las tarifas se han mantenido sin cambios por más de 30 años. Estos elementos, entre otros, obligan a que la institución regente de la gestión del recurso brinde un servicio que cubra todos los rincones del país, pero bajo una gestión hídrica eficiente, que permita el cuidado de este principal activo.
Según el índice de progreso social, en el pilar de agua y saneamiento, en que se miden indicadores como acceso al agua potable, acceso rural a fuentes de agua y a infraestructuras de saneamiento, Panamá quedó en la posición 64 de 133 economías. Costa Rica ocupó el puesto 47 y Chile, el 38, por mencionar algunos países de la región. Esto indica que se requiere reforzar ese pilar, sobre todo, en lo relacionado al acceso rural a fuentes de agua y a infraestructura de saneamiento.
Es vital comprender que el agua tiene relevancia en todas las áreas de la vida, de forma que es imperante la mejora de la administración y la gestión, con el capital humano requerido para el desarrollo del sector y con una institución fortalecida financieramente, con autoridad para ejercer sus funciones de forma óptima y eficiente. Además, la población debe vincularse al esfuerzo de gestionar bien este recurso, en conjunto con las instituciones de gobierno.