“Si votas por corruptos, también dales las llaves de tu casa a los ladrones”. Para entender este mensaje no es necesaria mucha inteligencia, pero la realidad es que parece no penetrar en el ánimo de miles de electores que repiten el mismo favor electoral a políticos que han demostrado una clásica incompetencia en atender las necesidades de su propia gente.
Son personajes con epidermis envueltas en papel desechable, y que por sus torpezas políticas del pasado deben ser lapidados políticamente, pero increíblemente aún cuentan con simpatías para volver a coronarse.
Son momentos en que se argumentan fantasiosos y nocivos mensajes con el afán único de pulverizar a los oponentes. También son momentos de buscar alianzas estratégicas firmando y pactando espacios políticos si ganan el poder.
Sin temor al ridículo, estos arribistas y oportunistas se preparan para realizar acciones de opereta sujetando con firmeza en sus manos el manual ilustrado para charlatanes y consumados farsantes.
Hay que convenir en algo muy cierto, y es el temor de esta casta de politiqueros a perder la corona del poder. Echan toda la carne al asador esperanzados en lograr mayores cuotas de poder si el asado (donaciones) logra su función.
Los partidos políticos no están seleccionando a los mejores. Solo exigen que tengan buenos donantes, y si son elegidos deben someterse al mandato castrense: “las órdenes no se discuten, se cumplen”.
Este pueblo no desea ver más gobiernos que manipulen conciencias mediante sobornos y favores políticos. Este pueblo anhela ver promesas cumplidas.
Basta de ver payasos politiqueros que se deslizan por las cortinas dispuestos a servir con fidelidad al amo de turno. ¡Basta ya!
El autor es periodista