Hoy me desperté con una sensación extraña de cansancio, a mis 25 años es casi un pecado que me sienta de esa manera, prendí la televisión y al instante lo entendí, no era una situación aislada la que me tenía así, eran varias.
Estoy cansado de vivir en un país donde el juega vivo es la ley, como si el primer artículo de nuestra Constitución dijera: “La Nación panameña está organizada en Estado soberano, independiente y juega vivo, cuya denominación es República de Panamá…’’. En un país donde no hay certeza del castigo, donde los órganos del Estado están en descomposición absoluta y donde la sociedad no piensa en el bienestar colectivo, cuesta ver la luz en esta espesa niebla.
Me cansa también ese grupito de títeres sin valentía ni valores que llamamos magistrados, esos que prefieren que todo permanezca igual de podrido cuando la necesidad de un cambio es más que evidente. Me cansa que los políticos, funcionarios y empresarios corruptos se sientan como reyes, porque saben que jamás los va a alcanzar la justicia, que por suerte para ellos los jueces son de fácil adiestramiento; alguno llevará más tiempo adiestrarlo que otro, pero al final todos ceden a las presiones y a los premios verdes que llevan caras de expresidentes de Estados Unidos. La corrupción no es una pieza accesoria, es principal; la corrupción es el sistema.
La corrupción la vivimos todos los días, pero la entendí cuando hace unos años mis socios y yo abrimos nuestra propia empresa. Estábamos felices, trabajando duro, creando y pagando impuestos; es justamente eso último lo que ahora me crea indignación y cansancio. Estoy cansado de pagar impuestos para que llegue un funcionario y decida que con esa plata se va a comprar un yate, una casa nueva en la ciudad, otra por las playas. Tal vez decida que es momento de meterse a ganadero y se compra un terrenito con un par de gallinas, vacas y caballos para asegurarse una jubilación “digna’’, para tener el futuro arreglado a sus hijos; y si fue lo suficientemente maleante, a los hijos de sus hijos también. Yo quiero que mis impuestos sean utilizados para el bienestar colectivo, para salud, educación, infraestructura, innovación estatal, etc., como debería ser, utilizados para que el país avance y no retroceda, para que intentemos salir del tercer mundo hacia el primero.
Les cuento que lo que en realidad me tiene más cansado es que como población sintamos la suficiente indignación, por lo que nos ocurre como para exigir un cambio, dejar de votar por los mismos de siempre, para lanzarnos a la calle y ejercer presión ciudadana. No entiendo cuánta humillación más vamos a soportar, nos están robando el futuro y nos da completamente igual.
Por qué no nos cansamos todos y exigimos un cambio, el poder lo tenemos de nuestro lado, siempre lo hemos tenido, lo que pasa es que en algún momento de nuestra historia ese detalle fundamental lo olvidamos, y le dejamos manejar el país sin supervisión alguna a hombres y mujeres sin escrúpulos y sedientos de poder. Yo estoy bien cansado, ¿tú no?
El autor es empresario