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Capacitar no es transformar: responsabilidad y rumbo ante el inicio del año lectivo

Capacitar no es transformar: responsabilidad y rumbo ante el inicio del año lectivo
Estudiantes del Instituto Bilingüe Eliel, utilizan herramientas tecnológicas para aprender en las aulas de clases. LP Foto: Isaac Ortega

Un nuevo año lectivo está por comenzar y, lejos de generar certezas absolutas, vuelve una preocupación que no podemos seguir ignorando: ¿está realmente preparada la educación panameña para sostener cambios profundos y coherentes cuando aún persisten desafíos que el sistema educativo no ha logrado resolver? No se trata únicamente de iniciar clases, sino de reconocer que la preparación pedagógica, la claridad curricular y el compromiso institucional continúan siendo aspectos que exigen atención seria y sostenida.

Las recientes jornadas de capacitación docente abordaron contenidos vinculados con la actualización de programas de estudio, la transversalidad en el aula, la planificación didáctica, la inclusión educativa y nuevas estrategias pedagógicas alineadas con el rediseño curricular impulsado por el Ministerio de Educación. Estas líneas responden a la agenda formativa nacional anunciada y evidencian esfuerzos institucionales por fortalecer la práctica docente. Sin embargo, la verdadera discusión no debe centrarse únicamente en los temas presentados, sino en la profundidad con la que estos procesos logran impactar la práctica educativa cotidiana y el seguimiento que reciban una vez iniciado el año escolar.

El diseño curricular constituye la base que orienta objetivos, contenidos, metodologías y evaluación. No es una estructura improvisada ni un documento que pueda redefinirse apresuradamente. Cada grado implica una planificación progresiva y diferenciada, especialmente en la transición hacia la educación media, donde cambian las exigencias formativas del estudiante. Aun reconociendo los esfuerzos técnicos realizados en los procesos de actualización, la articulación entre niveles educativos y la adecuada secuenciación del aprendizaje siguen siendo retos que requieren atención constante para garantizar continuidad pedagógica dentro del aula.

Dentro de esa estructura, los ejes transversales cumplen una función esencial al integrar valores, pensamiento crítico, ciudadanía y competencias que atraviesan todas las áreas del conocimiento. No son elementos adicionales del currículo, sino una guía que conecta el aprendizaje con la realidad del estudiante. Cuando su aplicación queda limitada al discurso y no se traduce en prácticas concretas, la formación integral pierde fuerza y el sistema educativo se aleja de sus propios propósitos.

La educación merece respeto porque en ella se construye el proceso formativo de cada estudiante a lo largo de todas sus etapas escolares. Los centros educativos reciben a niños y jóvenes que llegan a aprender, desarrollar pensamiento crítico y fortalecer competencias que marcarán su futuro; por ello, las decisiones pedagógicas deben sostenerse en planificación, claridad metodológica y compromiso ético. La educación formal implica asumir que cada etapa del aprendizaje representa una responsabilidad real con el desarrollo integral del estudiante.

La formación docente en temas sensibles y estructurales demanda espacios formativos que incluyan práctica guiada, reflexión pedagógica y acompañamiento continuo. Pretender que cambios complejos se consoliden únicamente en jornadas concentradas puede cumplir con un calendario institucional, pero difícilmente garantiza transformaciones sostenidas dentro del aula. El verdadero reto comienza después de la capacitación: el seguimiento, la retroalimentación y el acompañamiento pedagógico que permitan trasladar la teoría a la realidad escolar.

Más allá del compromiso institucional, los procesos de renovación educativa requieren conducción técnica sólida capaz de orientar ajustes estructurales. No basta con anunciar actualizaciones o concentrar jornadas formativas; es indispensable contar con profesionales que comprendan la dinámica real del aula y puedan guiar cambios desde una visión integral del aprendizaje.

Ante los procesos de actualización curricular surge una inquietud legítima: ¿los equipos responsables de revisar y conducir estos cambios cuentan con las condiciones necesarias —tiempo pedagógico, actualización permanente y acompañamiento técnico— para sostener procesos complejos a gran escala? Actualizar no significa únicamente presentar contenidos nuevos; implica comprender a profundidad el diseño curricular, dominar la aplicación de los ejes transversales y conocer con claridad la realidad del aula.

Dentro de estos procesos formativos también resulta pertinente considerar los mecanismos de seguimiento y evaluación utilizados durante las jornadas de capacitación. Al finalizar las sesiones, se aplicaron instrumentos orientados a medir el nivel de comprensión, identificar dudas recurrentes y reconocer posibles áreas de mejora en relación con los contenidos abordados. Asimismo, se entregaron materiales de apoyo, incluidos manuales y fichas técnicas diseñadas para orientar la aplicación práctica de los procesos pedagógicos presentados.

Una capacitación de esta naturaleza no puede entenderse como un evento aislado sin continuidad; exige mecanismos de evaluación permanente que permitan reconocer resultados y orientar con claridad los pasos que deben seguirse dentro del proceso educativo.

Mientras el sistema formativo impulsa procesos de digitalización y actualización curricular, el mundo avanza hacia escenarios donde la inteligencia artificial redefine la manera de aprender y enseñar. Esta realidad exige coherencia entre discurso y práctica, pero también una reflexión profunda sobre el rumbo que se desea construir. La educación panameña necesita girar su propia brújula y definir un modelo educativo auténtico, coherente y sostenido en el tiempo.

Hablar de educación también implica mirar el entorno que la sostiene. Una educación fortalecida necesita espacios adecuados que acompañen el aprendizaje desde una visión integral. Incluso el entorno alimentario y las dinámicas escolares influyen en la salud, la concentración y el bienestar emocional del estudiante, por lo que resulta necesario revisar con responsabilidad lo que se ofrece en las tiendas escolares y cómo se construye el ambiente educativo en su totalidad.

El verdadero desafío no es anunciar cambios, sino sostenerlos. Ningún proceso educativo puede avanzar sin compromiso mutuo entre docentes e instituciones. Educar exige constancia, seguimiento y decisiones firmes a lo largo del tiempo.

La educación panameña necesita que tanto educadores como autoridades administrativas reconozcan el papel que cada uno desempeña dentro del sistema. Formar ciudadanos no puede estar condicionado por ideologías políticas ni por beneficios personales; exige decisiones guiadas por políticas de Estado claras y coherentes.

Toda institución debe contar con equipos técnicos que conozcan los procesos que le corresponden y comprendan la evolución de su propio ámbito de acción. La educación, como política de Estado, necesita decisiones construidas desde la experiencia profesional y no desde la improvisación.

Preocupa pensar que, aun con la participación de profesionales comprometidos y esfuerzos institucionales visibles, algunas decisiones puedan estar dejando áreas que requieren mayor profundidad pedagógica y seguimiento continuo. No se trata de cuestionar por cuestionar, sino de mirar con honestidad el rumbo que se está marcando y reconocer que la educación no puede tratarse como un proceso apresurado o meramente administrativo.

Cuando la formación docente se reduce a un trámite y deja de vivirse como un proceso profundo, el cambio deja de ser transformación y pasa a convertirse en una ilusión institucional. La educación no puede sostenerse sobre discursos ni sobre agendas apresuradas; requiere conocimiento técnico, conducción responsable y decisiones valientes. El tiempo ya no admite simulaciones: o asumimos la responsabilidad de transformar con seriedad o seguiremos preparando generaciones para un sistema que aún no termina de aprender cómo cambiar.

La autora es educadora.


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