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ÉTICA AMBIENTAL

Nuestra casa común

Nuestra casa común
Nuestra casa común

El papa Francisco en su visita a nuestro país por la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud nos recordó que cuidar de la casa común es solidarizarnos con los más excluidos, porque son los que más sufren las consecuencias de la destrucción de la tierra: las inundaciones, las sequías, el cambio climático, los desastres ecológicos producidos por el hombre y hacia el hombre.

Y, en su encíclica Laudato Si (las encíclicas son cartas solemnes sobre asuntos de la Iglesia católica dirigidas por el papa a los obispos y fieles católicos de toda la tierra. Sin embargo, la encíclica Laudato Si ha sido una carta abierta para todos los habitantes del mundo) cuyo tema central es el cuidado de la tierra, hay un especial interés en dar a conocer que estamos en un inminente peligro si no nos atrevemos a cuidar de nosotros mismos, nuestra familia, nuestros hijos y de las familias e hijos de todos los que poblamos esta gran e inmensa casa.

Nos dice Francisco que nuestro comportamiento consumista es insostenible y destructivo y que millones de personas sufren sin poder vivir su dignidad humana como debe ser. Agrega en esta solemne carta pastoral que la ciencia, la tecnología y la economía pueden orientarse hacia la construcción de un mundo más fraterno y de un progreso más sano, más humano, social e integral. Laudato Si pacta por las buenas y sanas costumbres en la familia, en sus valores y principios éticos y morales, en sus relaciones interpersonales; así como en la sana convivencia con todo lo que le rodea.

Veamos qué nos dice la psicología ambiental como ciencia del comportamiento y de los procesos cognitivo-emocionales del ser humano que tiene un rol fundamental en la propuesta y estimulación de conductas de protección hacia el medio ambiente. Podría decirse que esta es una de las ciencias más afines al objetivo principal y fundamental del desarrollo sustentable orientado a alcanzar un verdadero bienestar humano. El conocimiento científico debería llevar a la unidad y armonía del ser humano con el mundo natural basado en valores éticos de respeto a la vida reflexionando críticamente en las consecuencias potenciales de riesgo que sus aplicaciones tecnológicas tienen en la actualidad y en las generaciones futuras.

En definitiva la vida del ser humano depende de un ambiente biopsicosociocultural sano. Reconciliarse con la naturaleza implicará reconciliarse consigo mismo, con su entorno, en sus relaciones con cada ser viviente del planeta hacia el rescate de su propia armonía. El desarrollo de una conciencia y conducta ecológica se vuelve condición necesaria para la supervivencia humana, así como, en el desarrollo de su calidad de vida relacionado con la preservación de su existencia. Hay que acercarse cada vez más a un desarrollo íntegro de la persona, para contribuir a resolver los graves problemas que nos afligen y que tienen su raíz en tendencias emocionales irracionales, expresadas en conductas erráticas explícitamente destructivas y muchas de ellas derivadas de la ociosidad y de lo dañino.

Igualmente, el santo padre propone una ecología (conexión) humana integral que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales, inseparablemente vinculadas con la situación medio ambiental. Invita al diálogo honesto a todos los niveles de la vida social, pero con transparencia. Continúa diciendo que ningún proyecto puede ser eficaz si no está basado por una conciencia formada y responsable sugiriendo principios para crecer en esa dirección a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico.

La encíclica nos recuerda el deterioro de la calidad de vida humana y la degradación social; la inequidad planetaria; la debilidad de las reacciones y, la diversidad de opiniones que existen respecto a estas problemáticas sin llegar a un acuerdo común. Francisco trata sobre la tecnología como creatividad y poder; la globalización del paradigma tecnocrático, la crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno. Nos dice el santo padre: “La tecnociencia bien orientada puede mejorar la calidad de vida del ser humano, pero estos conocimientos científicos y, sobre todo, el poder económico para utilizarlos, están en muy pocas personas que tienen un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero y esto supone un riesgo tremendo”.

En definitiva todos somos responsables del cuidado del planeta. Es nuestra casa común. Y nos toca conocer quiénes son esos pocos que tienen a la humanidad bajo su dominio, bajo su poder. Es por ello que el máximo líder de la Iglesia católica propone un diálogo entre todos y, transparencia en los procesos de decisiones. Una conversión ecológica es necesaria entre la humanidad y el ambiente.

La autora es psicóloga clínica


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