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Casos de -m final de palabra en el español contemporáneo

Es evidente que, entre las tres consonantes nasales (m o me, n o ne, y ñ o eñe), sólo la n (nasal alveolar) aparece en la pronunciación al final de palabra en español. Pero en varios lugares se ha detectado la m (nasal bilabial) al final de palabra.

La -m final de palabra existía en latín, la lengua madre, pero se perdió al transformarse el latín en castellano. Después reapareció en el castellano arcaico cuando el sonido inicial de una palabra se unía al final de otra, como cuando el pronombre “me” perdía la vocal y la m se unía a la palabra precedente. Se oía entonces quem por la frase que me, o venidom por venido me, etc. Pero el rasgo se perdió y la -m dejó de oírse al final de palabra.

Si bien la -m final de una palabra como álbum (un latinismo) se escribe con m, en la pronunciación comúnmente se oye -n.

La -m final de palabra ha sido rastreada contemporáneamente en Argentina, en el occidente de Colombia, en España, en México y en Paraguay. No sorprendería que oídos atentos encontraran la realización en otros lugares, determinada por el estilo de cada hablante. En la mayoría de las variedades actuales del español, sin embargo, hasta en extranjerismos la -m final ortográfica normalmente aparece como -n en la pronunciación.

Se han adelantado diferentes comentarios sobre la -m final. En Argentina, para algunos es un rasgo de todos los niveles socioculturales de Tucumán, ciudad del norte del país, donde aparece tras la vocal a o la e si están acentuadas. Para otros, pertenece al español rioplatense en general. En el habla común argentina (sin restricción geográfica o social) se pronuncia rum, es decir, ron, que aparece con -m en la escritura, es decir, escrito rum.

En el Buenos Aires de los años noventa, un programa humorístico de televisión identificaba la -m final con hábitos del hablar de descendientes de asquenazíes de clase media. Se tomaban en cuenta ciertos apellidos como Kestelboim, Teitelboim, etc., con -m final, y se propagaba la pronunciación de la -m a nombres de pila terminados en -n, como Martí[m]. También, por paragoge, se añadía en otros nombres de pila, como Jorge[m], e incluso formando grupos difíciles, es decir, agrupaciones de dos o más consonantes consecutivas en final de sílaba, como en una supuesta pronunciación David[m] con -m final.

En cuanto a Colombia, la presencia de la -m se limita casi siempre a la sílaba final acentuada y exclusivamente al habla de los departamentos occidentales del Chocó, Cauca y Valle del Cauca, región con notable población de origen subsahárico.

En cambio, en España se trata de una sola palabra, crin, pronunciada con -m final en el oriente y el noroeste de la península (en Alicante, Castellón, Huesca y Tarragona), en un área de influjo catalán-valenciano.

Finalmente, México y Paraguay coinciden en tener áreas con lenguas aborígenes que presentan -m final (el maya en la península de Yucatán y el guaraní en Paraguay). En México también se detectó una -m final esporádicamente en unas cuantas poblaciones sin contacto con el maya.

Vista la dispersión del fenómeno y las explicaciones no coincidentes acerca de su origen, será prudente afirmar que se trata de un desarrollo interno del español, potenciado en algunas regiones por el contacto con otras lenguas.

El autor es investigador lingüístico y literario, y profesor de idiomas.


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