Para quienes vivimos nuestra “primera juventud” en los años 80 del siglo pasado, ya es común la situación de tener que explicar a nuestros hijos, qué era y para qué servía un cassette con cinta magnética. Múltiples historias nostálgicas podrían aflorar en torno a su uso musical.
Una situación similar, aunque menos trivial, se observa en el libro de la historiadora italiana Emanuela Scarpellini, que en estos días estará publicando la editorial Einaudi de Turín, titulado: El fascismo de las cosas. Objeto y consumo del ventenio; donde la autora hace un recorrido historiográfico, sobre las pequeñas cosas del día a día y los objetos insignificantes que rodearon la vida de los veinte años de fascismo en Italia porque ellos ilustran cómo cobró vida el régimen.
De esa época nace, por ejemplo, esa visión confusa de que el café es un producto “nacional” italiano, por la gran producción del grano en Etiopía, que por esos años fue colonia del fugaz empuje imperialista de Mussolini, contexto histórico que se percibe en los productos de consumo, como en la cafetera Bialetti.
Los objetos del pasado pueden hablar.
Así también lo entendió el Nobel de Literatura, Octavio Paz, cuando, en su icónico ensayo de 1982, sobre la monja y escritora del Siglo XVII, Sor Juana Inés de la Cruz (Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe), partió de la premisa de que “una biblioteca es el reflejo de su dueño”, para entender un ángulo importante sobre el pensamiento de la autora, lumbrera de la cultura en la Nueva España.
En función de lo cual, emprendió una revisión de los libros que estuvieron a disposición de la escritora, análisis enjundioso que le permitió constatar graves ausencias como Montaigne, Descartes y Erasmo, concluyendo en que “la biblioteca de sor Juana es un espejo del inmenso fracaso de la Contrarreforma en la esfera de las ideas”.
Es cierto que los objetos del pasado pueden hablar. Pero como no son parte de nuestra cotidianeidad, es obligante que un experto nos traduzca su relación con la sociedad a la que sirvieron.
Por ello es muy importante leer el último libro publicado por el historiador panameño Alfredo Castillero Calvo, titulado: Cultura material y vida cotidiana en el Panamá Hispano (Novo Art, Panamá, 2025).
En ese ensayo publicado en tapa flexible, con buen papel y letra clara, 168 páginas y con ilustraciones fascinantes, el autor nos lleva en un paseo por el tiempo, que revive de forma verosímil, una cantidad importante de datos que ilustran la sociedad colonial española en Panamá.
Son 14 capítulos. Los primeros 3 incluyen conceptos globales. En ellos se justifica el estudio historiográfico de los objetos y la cultura material y nos habla de las fuentes de ese estudio, que son tanto los mismos objetos supervivientes como los textos que los describen, tales como inventarios, embargos judiciales y documentos de transporte y de imposición fiscal. Esta dicotomía es crucial en el caso de Panamá, dado que son muy pocos los objetos llegados hasta nosotros.
De esa parte inicial subrayo la siguiente reflexión del autor:
“…Una adecuada y comprehensiva interpretación de los objetos, descubriendo lo que significaban para la gente que los hacía y usaba, puede revelarnos no solo las preferencias estéticas de una época, sino también el conjunto de creencias y percepciones de sus dueños, más allá del objeto en sí mismo o de su carácter puramente material o utilitario".

Además, en esos primeros capítulos está incluida una explicación de las diferentes rutas de comercio que enlazaban ambas costas de Panamá, lo que permitía la llegada al istmo de múltiples objetos de consumo, no solo de fabricación peninsular, sino también de Perú, Nueva España, Inglaterra y China, a través del Galeón de Manila y –lo que es un gran hallazgo-la posibilidad de que productos chinos, de las dinastía Ming, hayan llegado a Panamá, antes del establecimiento de la ruta con Las Filipinas.
En los siguientes capítulos, sin perder el hilo conductor, Castillero Calvo se adentra en una revisión más específica del ajuar y el mobiliario de las casas; la cama como lujo de la élite; el transporte urbano; los valiosísimos espejos; pinturas y esculturas religiosas; los especiales espacios domésticos llamados “estrado” y el “oratorio”; las tinas de baño y letrinas; los utensilios de plata labrada y los objetos de artes plásticas y musicales.
El recorrido es todo lo exhaustivo que permiten las fuentes y está lleno de sorpresas sobre nuestro pasado, con datos tan curiosos como enterarse de que muy probablemente cierta porcelana china fue primero conocida en Panamá que en Amsterdam; que era posible encontrar frascos de guardar perfume en los restos de un convento o que en el Siglo XVIII, loza fabricada en La Villa de Los Santos, además de usarse en Panamá, fue exportada a La Habana y al Perú.
Este es el libro número 35 de Alfredo Castillero Calvo, académico que viene iluminando y desmitificando la Historia del Panamá Hispano, con publicaciones científicas desde 1960. Un intelectual admirable que ha logrado distinciones como la Real Orden de Isabel la Católica del Gobierno de España y a quien, haciendo un acto de justicia, esta semana el Gobierno Nacional le otorga la Orden Belisario Porras, en el grado de Gran Cruz, lo cual es un motivo adicional, no solo para aplaudir al autor, sino, por sobre todo, para leer su obra.
El autor es abogado


